26.9.10

Comentario Libro de la Vida, capítulo 26


COMENTARIOS AL LIBRO DE LA VIDA
Capítulo 26: 



 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.



                            



                                                              CAPÍTULO 26


            Prosigue en la misma materia. Va declarando y diciendo cosas que le han acaecido, que la hacían perder el temor y afirmar que era buen espíritu el que la hablaba.

            1. Tengo por una de las grandes mercedes que me ha hecho el Señor este ánimo que me dio contra los demonios. Porque andar un alma acobardada y temerosa de nada sino de ofender a Dios, es grandísimo inconveniente. Pues tenemos Rey todopoderoso y tan gran Señor que todo lo puede y a todos sujeta, no hay qué temer, andando -como he dicho- [1](1) en verdad delante de Su Majestad y con limpia conciencia. Para esto, como he dicho [2](2), querría yo todos los temores: para no ofender en un punto a quien en el mismo punto nos puede deshacer; que contento Su Majestad, no hay quien sea contra nosotros que no lleve las manos en la cabeza [3](3).

(sigue aquí --- en "Más información"... )


            Podráse decir que así es, mas que )quién será esta alma tan recta que del todo le contente?, y que por eso teme. No la mía, por cierto, que es muy miserable y sin provecho y llena de mil miserias. Mas no ejecuta Dios como las gentes, que entiende nuestras flaquezas [4](4). Mas por grandes conjeturas siente el alma en sí si le ama de verdad, porque las que llegan a este estado [5](5) no anda el amor disimulado como a los principios, sino con tan grandes ímpetus y deseo de ver a Dios, como después diré o queda ya dicho [6](6): todo cansa, todo fatiga, todo atormenta. Si no es con Dios o por Dios, no hay descanso que no canse, porque se ve ausente de su verdadero descanso, y así es cosa muy clara que, como digo, no pasa en disimulación.

            2. Acaeciome otras veces verme con grandes tribulaciones y murmuraciones sobre cierto negocio que después diré [7](7), de casi todo el lugar adonde estoy y de mi Orden, y afligida con muchas ocasiones que había para inquietarme, y decirme el Señor: )De qué temes? )No sabes que soy todopoderoso? Yo cumpliré lo que te he prometido [8](8) (y así se cumplió bien después), y quedar luego con una fortaleza, que de nuevo me parece me pusiera en emprender otras cosas, aunque me costasen más trabajos, para servirle, y me pusiera de nuevo a padecer.

            Es esto tantas veces, que no lo podría yo contar. Muchas las que me hacía reprensiones y hace, cuando hago imperfecciones, que bastan a deshacer un alma; al menos traen consigo el enmendarse, porque Su Majestad -como he dicho- [9](9) da el consejo y el remedio. Otras, traerme a la memoria mis pecados pasados, en especial cuando el Señor me quiere hacer alguna señalada merced, que parece ya se ve el alma en el verdadero juicio; porque le representan la verdad con conocimiento claro, que no sabe adónde se meter. Otras avisarme de algunos peligros míos y de otras personas, cosas por venir, tres o cuatro años antes muchas, y todas se han cumplido. Algunas podrá ser señalar.

            Así que hay tantas cosas para entender que es Dios, que no se puede ignorar, a mi parecer.

            3. Lo más seguro es (yo así lo hago, y sin esto no tendría sosiego, ni es bien que mujeres le tengamos, pues no tenemos letras) [10](10) y aquí no puede haber daño sino muchos provechos, como muchas veces me ha dicho el Señor, que no deje de comunicar toda mi alma y las mercedes que el Señor me hace, con el confesor, y que sea letrado, y que le obedezca. Esto muchas veces.

            Tenía yo un confesor [11](11) que me mortificaba mucho y algunas veces me afligía [12](12) y daba gran trabajo, porque me inquietaba mucho, y era el que más me aprovechó, a lo que me parece. Y aunque le tenía mucho amor, tenía algunas tentaciones por dejarle, y parecíame me estorbaban aquellas penas que me daba de la oración. Cada vez que estaba determinada a esto, entendía luego que no lo hiciese, y una reprensión que me deshacía más que cuanto el confesor hacía. Algunas veces me fatigaba: cuestión por un cabo y reprensión por otro, y todo lo había menester, según tenía poco doblada la voluntad.

            Díjome una vez que no era obedecer si no estaba determinada a padecer; que pusiese los ojos en lo que Él había padecido, y todo se me haría fácil [13](13).

            4. Aconsejóme una vez un confesor que a los principios me había confesado, que ya que estaba probado ser buen espíritu, que callase y no diese ya parte a nadie, porque mejor era ya estas cosas callarlas. A mí no me pareció mal, porque yo sentía tanto cada vez que las decía al confesor, y era tanta mi afrenta, que mucho más que confesar pecados graves lo sentía algunas veces; en especial si eran las mercedes grandes, parecíame no me habían de creer y que burlaban de mí. Sentía yo tanto esto, que me parecía era desacato a las maravillas de Dios, que por esto quisiera callar. Entendí entonces que había sido muy mal aconsejada de aquel confesor, que en ninguna manera callase cosa al que me confesaba, porque en esto había gran seguridad, y haciendo lo contrario podría ser engañarme alguna vez.

            5. Siempre que el Señor me mandaba una cosa en la oración, si el confesor me decía otra, me tornaba el mismo Señor a decir que le obedeciese; después Su Majestad le volvía para que me lo tornase a mandar [14](14).

            Cuando se quitaron muchos libros de romance, que no se leyesen [15](15), yo sentí mucho, porque algunos me daba recreación leerlos y yo no podía ya, por dejarlos en latín; me dijo el Señor: "No tengas pena, que Yo te daré libro vivo". Yo no podía entender por qué se me había dicho esto, porque aún no tenía visiones [16](16). Después, desde a bien pocos días, lo entendí muy bien, porque he tenido tanto en qué pensar y recogerme en lo que veía presente, y ha tenido tanto amor el Señor conmigo para enseñarme de muchas maneras, que muy poca o casi ninguna necesidad he tenido de libros; Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades. (Bendito sea tal libro, que deja imprimido lo que se ha de leer y hacer, de manera que no se puede olvidar! )Quién ve al Señor cubierto de llagas y afligido con persecuciones que no las abrace y las ame y las desee? )Quién ve algo de la gloria que da a los que le sirven que no conozca es todo nonada cuanto se puede hacer y padecer, pues tal premio esperamos? )Quién ve los tormentos que pasan los condenados, que no se le hagan deleites los tormentos de acá en su comparación, y conozcan lo mucho que deben al Señor en haberlos librado tantas veces de aquel lugar?

            6. Porque con el favor de Dios se dirá más de algunas cosas, quiero ir adelante en el proceso de mi vida [17](17). Plega al Señor haya sabido declararme en esto que he dicho. Bien creo que quien tuviere experiencia lo entenderá y verá que he atinado a decir algo; quien no, no me espanto le parezca desatino todo. Basta decirlo yo para quedar disculpado, ni yo culparé a quien lo dijere.

            El Señor me deje atinar en cumplir su voluntad. Amén.


                                            COMENTARIO AL CAPÍTULO 26

                                   Seguridad de Teresa ante las palabras interiores
                        Anuncio de otro tipo de experiencias: "Yo te daré libro vivo"


            La narración llega al año 1559. En Teresa, los 44 de edad.

            En la escalada de sus experiencias místicas, va a haber un cambio neto: se llega a la seguridad de las hablas interiores, y se anuncia el comienzo de las visiones místicas.

            La primera sección del capítulo reanuda el tema del anterior: "Prosigue la misma materia", reza el título, es decir, últimos toques en cuanto a las palabras interiores. La sección segunda es un anticipo de lo que narrará el capítulo siguiente.

            Los personajes aludidos -todos en anonimato- son los mismos confesores y asesores de la Santa. Y además el inquisidor mayor Fernando de Valdés.

            En esquema:

            - Núm. 1: Seguridad y firmeza de ánimo en Teresa. Confianza en Dios. Amor.

            ‑ Núms. 2-4: Incidentes entre ella y sus asesores.

            ‑ Núms. 5-6: El anuncio: "Yo te daré libro vivo".


Tres palabras selectas

            En la experiencia teresiana de este último año, han abundado las "palabras interiores". "Es esto tantas veces -dice la Santa- que no lo podría yo contar" (2).

            Se le repite una y otra vez el "(No temas! (Soy poderoso!". A veces son palabras de alerta: "Avisarme de algunos peligros míos y de otras personas". Otras veces, son palabras correctivas: "Me hacía reprensiones..., que bastan a deshacer un alma". Otras, de profecía: "Cosas por venir, tres o cuatro años antes muchas, y todas se han cumplido". Y concluye ella:

            "Así que hay tantas cosas (pruebas) para entender que es Dios, que no se puede ignorar, a mi parecer".

            Son tres las palabras interiores que, como tres hitos, han marcado el proceso de Teresa en los tres capítulos 24-25-26, que cuentan el período de resistencias:

            - En el capítulo 24, 5 (hacia 1555), la palabra del primer arrobamiento, para sanar su afectividad: "Ya no quiero que tengas conversación con hombres...".

            - En el capítulo 25, 18 (probablemente en 1557), la palabra que identifica al autor de las hablas: "Yo soy. No hayas miedo".

            - En el capítulo 26, 5 (ya en 1559, tras el Índice inquisitorial), el anuncio de las inminentes gracias cristológicas: "Yo te daré libro vivo".


¿Es privado o es público el carisma místico de Teresa?

            Probablemente es éste el dato más importante del capítulo y de toda la problemática de las hablas místicas. Las suyas, )son gracias estrictamente personales, o tienen función carismática? Es decir, en Teresa por lo menos, )la experiencia mística es secreta, o es irradiante, más allá de la mistes?

            Ya antes ha contestado ella, implícitamente, informando una y otra vez al lector que la gracia que a ella se le ha dado es en sí misma triple: experimentar el misterio (la acción de Dios), entenderlo, y poder expresarlo. Sin esa trilogía de gracia, no tendríamos el Libro de la Vida y probablemente nada de su magisterio mistagógico.

            En el presente capítulo es más explícita. A ella, es la palabra interior la que la impulsa o le exige comunicar a otro(s) lo que recibe. Que no se lo reserve para sí sola: "No callarlo". Sino que todo lo confíe a su confesor. Y cuando alguien le aconseja que ya está bien de cosas místicas, "que ya que estaba probado ser buen espíritu, que callase y no diese parte a nadie, porque mejor era ya estas cosas callarlas", la voz interior se lo contradice categóricamente. Es interesante la confidencia de ella misma:

            "A mí no me pareció mal (el consejo), porque yo sentía tanto cada vez que las decía al confesor, y era tanta mi afrenta, que mucho más que confesar pecados graves lo sentía algunas veces... Sentía yo tanto esto..., que por esto quisiera callar. Entendí entonces que había sido muy mal aconsejada de aquel confesor, que en ninguna manera callase cosa al que me confesaba, porque en esto había gran seguridad..." (4).

            Probablemente no es ése el caso de otros místicos. Pero el de Teresa es esencialmente así; ella experimenta para testificar. No ya en lo episódico casuístico, sino que su experiencia mística complexiva va a tener la misión de testificar la presencia y la acción de Dios. No sólo en cortocircuito, dentro del Carmelo o dentro de la Iglesia, sino en espacio abierto, en el diálogo interreligioso, en el mundo de la cultura, ante creyentes y no creyentes. Con su experiencia mística, Teresa es un vocero de Dios: "(Miren lo que ha hecho conmigo!" (19, 15).

            La consigna de Teresa mística no es el "secretum meum mihi!, secretum meum mihi!" (Is 24, 16; que, por otro lado, es una equivocada versión que hace la Vulgata del grito de Isaías), sino más bien clamar y pregonar los secretos del gran Rey, como san Francisco de Asís a los ladrones (M 6, 6, 11).


"Cuando se quitaron libros... que no se leyesen..."

            Con ese suave eufemismo alude Teresa al cataclismo provocado en su entorno por la publicación del Índice de libros prohibidos, hecha por el inquisidor Fernando de Valdés en el verano de 1559.

            Ella alude, más bien, a los efectos del Índice: la redada requisitoria de libros espirituales "en romance", que a ella misma la obligó a entregar lo más precioso de su anaquel de libros de uso privado. "Yo sentí mucho", es su comentario.

            El episodio se enmarcaba en un contexto preciso de la vida de Teresa. Ese bienio 1557-1559 es el del famoso quinteto adverso, que diagnosticaba como diabólicas sus "hablas interiores". Con todo, esa resistencia de los teólogos asesores ocurría en el espacio privado de la vida personal de Teresa, casi en la esfera de sus consultas de confesonario. Ahora, en cambio. El Cathalogus librorum qui prohibentur golpeaba en un espacio mucho más dilatado, y con mano institucional. Sin resistencia posible.

            Fue en ese contexto y tras hacer ella entrega de su menguada biblioteca, cuando surgió la última de las tres palabras interiores: "No tengas pena. Que Yo te daré libro vivo".

            Ella comenta: "Yo no podía entender por qué se me había dicho esto, porque aún no tenia visiones. Desde a bien pocos días lo entendí muy bien...". Porque comenzaron las visiones cristológicas: "Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades".

            Ahí, a ese mundo interior de experiencias cristológicas, no llegaría la mano de los inquisidores.


            NOTA

            El Índice de libros prohibidos. - Llevaba título latino: "Cathalogus librorum, qui prohibentur mandato Illustrissimi et Reverend. D. D. Ferdinandi de Valdés, Hispalens. Archiepiscopi, Inquisitoris Generalis Hispaniae... Pinciae" [Valladolid] 1559. - Contenía primero un extenso listado de libros latinos, y luego otro de "libros en romance", entre los cuales quedaban prohibidos muchos de los predilectos de Teresa: los del P. Granada, el Audi Filia de san Juan de Ávila, uno de san Francisco de Borja, los de Hevia y Palma, el Flos Sanctórum y las Vitas Patrum en romance, los libros de Horas en vulgar, la Biblia "in quocumque vulgari sermone", los salmos y comentarios al Padrenuestro en romance, etc. - Se mandaba "leer edictos (públicos) contra las personas que tuvieren en su poder los dichos libros prohibidos", y se les conminaban las consiguientes penas. - La orden de publicación estaba firmada "en Valladolid a 17 días del mes de agosto, año del nacimiento de nuestro Salvador Iesuchristo de 1559".





            [1]. Lo ha dicho en el c. 25, 21.
            [2]. Remite al n. 20 del mismo c. 25.
            [3]. Lleve las manos en la cabeza: ir derrotado, salir escarmentado.
            [4]. Dios... entiende nuestras flaquezas: faceta típica de la imagen de Dios en la Santa: cf. 37, 5; y 4, 10.
            [5]. En las que llegan, corrigió fray Luis (p. 309).
            [6]. Después diré: c. 29, 8‑14 y 30, 19. ‑ O queda dicho: c. 20, 9‑14 y 22; c. 21, 6, etc.
            [7]. Después diré: alude al pequeño drama de la fundación de San José (cc. 32‑36). ‑ Este lugar: Ávila. ‑ Y mi Orden: la Orden del Carmen. Nótese la constancia del anonimato: a lo largo del relato nunca se dice que las cosas suceden "en Ávila", o que la protagonista es monja "carmelita" en "la Encarnación de Ávila". Recuérdese el criterio adoptado en el c. 10.
            [8]. De nuevo, las palabras interiores son un condensado de pasajes bíblicos: Jn 6, 20, etc.
            [9]. Lo ha dicho en el c. 25, 3 y 18.
            [10]. No tenemos letras: no tenemos estudios, no somos *letradas+.
            [11]. Un confesor: el P. Baltasar Álvarez (cf. 28, n. 14).
            [12]. Había escrito: me afligía mucho; luego borró esta última palabra, por hallarse repetida cuatro veces en pocas líneas. Fray Luis también la omitió (p. 311).
            [13]. Palabra interior, que pasará a ser una de sus consignas cristológicas: cf. Moradas I, 2, 11; 7, 4, 8: Camino 2, 1. Reaparecerá en Vida 35, 14; 39, 12; y en las Relaciones: 8. 11. 15. 36.
            [14]. Es una de sus normas de discernimiento interior: cf. Rel. 4, 11: "Jamás hizo cosa (habla de sí misma) por lo que entendía en la oración, antes si le decían sus confesores al contrario, lo hacía luego".
            [15]. Alude al "Indice de libros prohibidos", publicado por el inquisidor Fernando de Valdés en Valladolid el 17 de agosto de 1559. ‑ En él se prohibían no sólo libros heréticos de allende los Pirineos, sino obras de los "espirituales españoles", como san Juan de Ávila, san Francisco de Borja, Bernabé de Palma, Bartolomé de Carranza, Luis de Granada, etc. Este último, en carta al arzobispo Carranza escribía a propósito del Indice: "Con todo esto habrá un pedazo de trabajo, por estar el Arzobispo (= el inquisidor Valdés) tan contrario a cosas que él llama de contemplación para mujeres de carpinteros" (Obras de fr. L. de Granada, t. 14, p. 441). ‑ En el Camino de Perfección, la Santa ironizará repetidas veces contra ese "Indice": cf. Camino E. 35, 4; 36, 4.
            [16]. Aún no tenía visiones: el episodio del *Indice+ es, pues, un buen hito cronológico: anuncia el comienzo de las "visiones" (cc. 27‑28...), dentro del periodo de "unión mística" y de "arrobamientos" que preceden a esa fecha (agosto de 1559).
            [17]. Concluye aquí el paréntesis doctrinal (c. 25...) dedicado a fijar criterios para discernir las "palabras interiores", si bien en este último capítulo la exposición se ha entrelazado con nuevos datos autobiográficos.



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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)