16.10.10

Comentario Libro de la Vida, capítulo 28


COMENTARIOS AL LIBRO DE LA VIDA
Capítulo 28: 



 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.







     

                          
                                                              CAPÍTULO 28


            [Avanza en el relato de sus experiencias místicas. Primera aparición del Señor: "cómo le apareció por primera vez". Trata de explicarlo en clave doctrinal. Usa el término "aparecer" en acepción mística. En adelante lo utilizará con frecuencia (31, 2; 33, 12‑13; 34, 19; 36, 20...). Anteriormente le ha servido para referir la "aparición" de fray Pedro de Alcántara, aún en vida (37, 29)].

            En que trata las grandes mercedes que la hizo el Señor y cómo le apareció la primera vez. Declara qué es visión imaginaria. Dice los grandes efectos y señales que deja cuando es de Dios. Es muy provechoso capítulo y mucho de notar.
(sigue aquí --- en "Más información"... )

            1 Tornando a nuestro propósito [1](1), pasé algunos días, pocos, con esta visión muy continua, y hacíame tanto provecho, que no salía de oración, y aun cuanto hacía, procuraba fuese de suerte que no descontentase al que claramente veía estaba por testigo. Y aunque a veces temía, con lo mucho que me decían, durábame poco el temor, porque el Señor me aseguraba.

            Estando un día en oración, quiso el Señor mostrarme solas las manos con tan grandísima hermosura que no lo podría yo encarecer. Hízome gran temor, porque cualquier novedad me le hace grande en los principios de cualquiera merced sobrenatural que el Señor me haga. Desde a pocos días, vi también aquel divino rostro, que del todo me parece me dejó absorta. No podía yo entender por qué el Señor se mostraba así poco a poco, pues después me había de hacer merced de que yo le viese del todo, hasta después que he entendido que me iba Su Majestad llevando conforme a mi flaqueza natural. (Sea bendito por siempre!, porque tanta gloria junta, tan bajo y ruin sujeto no la pudiera sufrir. Y como quien esto sabía, iba el piadoso Señor disponiendo.

            2. Parecerá a vuestra merced [2](2) que no era menester mucho esfuerzo para ver unas manos y rostro tan hermoso. Sonlo tanto los cuerpos glorificados, que la gloria que traen consigo ver cosa tan sobrenatural [3](3) hermosa desatina; y así me hacía tanto temor, que toda me turbaba y alborotaba, aunque después quedaba con certidumbre y seguridad y con tales efectos, que presto se perdía el temor.

            3. Un día de San Pablo [4](4), estando en misa, se me representó toda esta Humanidad sacratísima como se pinta resucitado, con tanta hermosura y majestad como particularmente escribí a vuestra merced [5](5) cuando mucho me lo mandó, y hacíaseme harto de mal, porque no se puede decir que no sea deshacerse; mas lo mejor que supe, ya lo dije, y así no hay para qué tornarlo a decir aquí. Sólo digo que, cuando otra cosa no hubiese para deleitar la vista en el cielo sino la gran hermosura de los cuerpos glorificados, es grandísima gloria, en especial ver la Humanidad de Jesucristo, Señor nuestro, aun acá que se muestra Su Majestad conforme a lo que puede sufrir nuestra miseria; )qué será adonde del todo se goza tal bien?

            4. Esta visión, aunque es imaginaria, nunca la vi con los ojos corporales, ni ninguna, sino con los ojos del alma.

            Dicen los que lo saben mejor que yo, que es más perfecta la pasada que ésta, y ésta más mucho que las que se ven con los ojos corporales. Esta dicen que es la más baja [6](6) y adonde más ilusiones puede hacer el demonio, aunque entonces no podía yo entender tal, sino que deseaba, ya que se me hacía esta merced, que fuese viéndola con los ojos corporales, para que no me dijese el confesor se me antojaba. Y también después de pasada me acaecía -esto era luego luego- pensar yo también esto: que se me había antojado. Y fatigábame de haberlo dicho al confesor, pensando si le había engañado. Este era otro llanto, e iba a él y decíaselo. Preguntábame que si me parecía a mí así o si había querido engañar. Yo le decía la verdad, porque, a mi parecer, no mentía, ni tal había pretendido, ni por cosa del mundo dijera una cosa por otra. Esto bien lo sabía él, y así procuraba sosegarme, y yo sentía tanto en irle con estas cosas, que no sé cómo el demonio me ponía lo había de fingir para atormentarme a mí misma.

            Mas el Señor se dio tanta prisa a hacerme esta merced y declarar esta verdad, que bien presto se me quitó la duda de si era antojo, y después veo muy claro mi bobería; porque, si estuviera muchos años imaginando cómo figurar cosa tan hermosa, no pudiera ni supiera, porque excede a todo lo que acá se puede imaginar, aun sola la blancura y resplandor.

            5. No es resplandor que deslumbre, sino una blancura suave y el resplandor infuso, que da deleite grandísimo a la vista y no la cansa, ni la claridad que se ve para ver esta hermosura tan divina. Es una luz tan diferente de las de acá, que parece una cosa tan deslustrada la claridad del sol que vemos, en comparación de aquella claridad y luz que se representa a la vista, que no se querrían abrir los ojos después. Es como ver un agua clara, que corre sobre cristal y reverbera en ello el sol, a una muy turbia [7](7) y con gran nublado y corre por encima de la tierra. No porque se representa sol, ni la luz es como la del sol; parece, en fin, luz natural y estotra cosa artificial. Es luz que no tiene noche, sino que, como siempre es luz, no la turba nada. En fin, es de suerte que, por gran entendimiento que una persona tuviese, en todos los días de su vida podría imaginar cómo es. Y pónela Dios delante tan presto [8](8), que aun no hubiera lugar para abrir los ojos, si fuera menester abrirlos; mas no hace más estar abiertos que cerrados, cuando el Señor quiere; que, aunque no queramos, se ve. No hay divertimiento [9](9) que baste, ni hay poder resistir, ni basta diligencia ni cuidado para ello. Esto tengo yo bien experimentado, como diré [10](10).

            6. Lo que yo ahora querría decir es el modo como el Señor se muestra por estas visiones. No digo que declararé de qué manera puede ser poner esta luz tan fuerte en el sentido interior, y en el entendimiento imagen tan clara, que parece verdaderamente está allí, porque esto es de letrados [11](11). No ha querido el Señor darme a entender el cómo, y soy tan ignorante y de tan rudo entendimiento, que, aunque mucho me lo han querido declarar, no he aun acabado de entender el cómo. Y esto es cierto, que aunque a vuestra merced [12](12) le parezca que tengo vivo entendimiento, que no le tengo; porque en muchas cosas lo he experimentado, que no comprende más de lo que le dan de comer, como dicen. Algunas veces se espantaba el que me confesaba de mis ignorancias; y jamás me di a entender, ni aun lo deseaba, cómo hizo Dios esto o pudo ser esto, ni lo preguntaba, aunque -como he dicho- [13](13) de muchos años acá trataba con buenos letrados. Si era una cosa pecado o no, esto sí; en lo demás no era menester más para mí de pensar hízolo Dios todo, y veía que no había de qué me espantar, sino por qué le alabar; y antes me hacen devoción las cosas dificultosas, y mientras más, más [14](14).

            7. Diré, pues, lo que he visto por experiencia. El cómo el Señor lo hace, vuestra merced lo dirá mejor, y declarará todo lo que fuere oscuro y yo no supiere decir [15](15).

            Bien me parecía en algunas cosas que era imagen lo que veía, mas por otras muchas no, sino que era el mismo Cristo, conforme a la claridad con que era servido mostrárseme. Unas veces era tan en confuso, que me parecía imagen, no como los dibujos de acá, por muy perfectos que sean, que hartos he visto buenos [16](16); es disparate pensar que tiene semejanza lo uno con lo otro en ninguna manera, no más ni menos que la tiene una persona viva a su retrato, que por bien que esté sacado no puede ser tan al natural, que, en fin, se ve es cosa muerta. Mas dejemos esto, que aquí viene bien y muy al pie de la letra.

            8. No digo que es comparación, que nunca son tan cabales, sino verdad, que hay la diferencia que de lo vivo a lo pintado, no más ni menos. Porque si es imagen, es imagen viva; no hombre muerto, sino Cristo vivo; y da a entender que es hombre y Dios; no como estaba en el sepulcro, sino como salió de él después de resucitado; y viene a veces con tan grande majestad, que no hay quien pueda dudar sino que es el mismo Señor, en especial en acabando de comulgar, que ya sabemos que está allí, que nos lo dice la fe. Represéntase tan señor de aquella posada, que parece toda deshecha el alma se ve consumir en Cristo. (Oh Jesús mío!, (quién pudiese dar a entender la majestad con que os mostráis! Y cuán Señor de todo el mundo y de los cielos y de otros mil mundos y sin cuento mundos y cielos [17](17) que Vos crearais, entiende el alma, según con la majestad que os representáis, que no es nada para ser Vos señor de ello.

            9. Aquí se ve claro, Jesús mío, el poco poder de todos los demonios en comparación del vuestro, y cómo quien os tuviere contento puede repisar el infierno todo. Aquí ve la razón que tuvieron los demonios de temer cuando bajasteis al limbo [18](18), y tuvieran de desear otros mil infiernos más bajos para huir de tan gran majestad, y veo que queréis dar a entender al alma cuán grande es, y el poder que tiene esta sacratísima Humanidad junto con la Divinidad. Aquí se representa bien qué será el día del juicio ver esta majestad de este Rey, y verle con rigor para los malos [19](19). Aquí es la verdadera humildad que deja en el alma [20](20), de ver su miseria, que no la puede ignorar. Aquí la confusión y verdadero arrepentimiento de los pecados, que aun con verle que muestra amor, no sabe adonde se meter, y así se deshace toda.

            Digo que tiene tan grandísima fuerza esta visión, cuando el Señor quiere mostrar al alma mucha parte de su grandeza y majestad, que tengo por imposible, si muy sobrenatural [21](21) no la quisiese el Señor ayudar con quedar puesta en arrobamiento y éxtasis (que pierde el ver la visión de aquella divina presencia con gozar), sería, como digo, imposible sufrirla ningún sujeto.

            ¿Es verdad que se olvida después? Tan imprimida queda aquella majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar, si no es cuando quiere el Señor que padezca el alma una sequedad y soledad grande que diré adelante [22](22), que aun entonces de Dios parece se olvida. Queda el alma otra, siempre embebida. Parécele comienza de nuevo amor vivo de Dios en muy alto grado, a mi parecer; que, aunque la visión pasada que dije [23](23) que representa Dios sin imagen es más subida, que para durar la memoria conforme a nuestra flaqueza, para traer bien ocupado el pensamiento, es gran cosa el quedar representado y puesta en la imaginación tan divina presencia. Y casi vienen juntas estas dos maneras de visión siempre; y aun es así que lo vienen, porque con los ojos del alma vese la excelencia y hermosura y gloria de la santísima Humanidad, y por estotra manera que queda dicha se nos da a entender cómo es Dios y poderoso y que todo lo puede y todo lo manda y todo lo gobierna y todo lo hinche su amor.

            10. Es muy mucho de estimar esta visión, y sin peligro, a mi parecer, porque en los efectos se conoce no tiene fuerza aquí el demonio. Paréceme que tres o cuatro veces me ha querido representar de esta suerte al mismo Señor en representación falsa: toma la forma de carne, mas no puede contrahacerla [24](24) con la gloria que cuando es de Dios. Hace representaciones para deshacer la verdadera visión que ha visto el alma; mas así la resiste de sí y se alborota y se desabre e inquieta, que pierde la devoción y gusto que antes tenía, y queda sin ninguna oración.

            A los principios fue esto -como he dicho- [25](25) tres o cuatro veces. Es cosa tan diferentísima, que, aun quien hubiere tenido sola oración de quietud, creo lo entenderá por los efectos que quedan dichos [26](26) en las hablas. Es cosa muy conocida y, si no se quiere dejar engañar un alma, no me parece la engañará, si anda con humildad y simplicidad. A quien hubiere tenido verdadera visión de Dios, desde luego casi se siente; porque, aunque comienza con regalo y gusto, el alma lo lanza de sí; y aun, a mi parecer, debe ser diferente el gusto; y no muestra apariencia de amor puro y casto. Muy en breve da a entender quién es. Así que, adonde hay experiencia, a mi parecer, no podrá el demonio hacer daño.

            11. Pues ser imaginación esto, es imposible de toda imposibilidad. Ningún camino lleva, porque sola la hermosura y blancura de una mano es sobre toda nuestra imaginación: pues sin acordarnos de ello ni haberlo jamás pensado, ver en un punto presentes cosas que en gran tiempo no pudieran concertarse con la imaginación, porque va muy más alto -como ya he dicho- [27](27) de lo que acá podemos comprender...; así que esto es imposible. Y si pudiésemos algo en esto, aun se ve claro por estotro que ahora diré: porque si fuese representado con el entendimiento, dejado que no haría las grandes operaciones que esto hace, ni ninguna [28](28) (porque sería como uno que quisiese hacer que dormía y estáse despierto porque no le ha venido el sueño: él, como si tiene necesidad o flaqueza en la cabeza, lo desea, adormécese él en sí y hace sus diligencias y a las veces parece hace algo, mas si no es sueño de veras, no le sustentará ni dará fuerza a la cabeza, antes a las veces queda más desvanecida), así sería en parte acá [29](29), quedar el alma desvanecida, mas no sustentada y fuerte, antes cansada y disgustada. Acá no se puede encarecer la riqueza que queda: aun al cuerpo da salud y queda confortado.

            12. Esta razón, con otras, daba yo cuando me decían que era demonio y que se me antojaba -que fue muchas veces- y ponía comparaciones como yo podía y el Señor me daba a entender. Mas todo aprovechaba poco. Porque como había personas muy santas en este lugar [30](30) (y yo en su comparación una perdición) y no los llevaba Dios por este camino, luego era el temor en ellos; que mis pecados parece lo hacían, que de uno en otro se rodeaba de manera [31](31), que lo venían a saber, sin decirlo yo sino a mi confesor o a quien él me mandaba.

            13. Yo les dije una vez que si los que me decían esto me dijeran que a una persona [32](32) que hubiese acabado de hablar y la conociese mucho, que no era ella, sino que se me antojaba, que ellos lo sabían, que sin duda yo lo creyera más que lo que había visto. Mas si esta persona me dejara algunas joyas y se me quedaban en las manos por prendas de mucho amor, y que antes no tenía ninguna y me veía rica siendo pobre, que no podría creerlo, aunque yo quisiese. Y que estas joyas se las podría mostrar, porque todos los que me conocían veían claro estar otra mi alma, y así lo decía mi confesor. Porque era muy grande la diferencia en todas las cosas, y no disimulada, sino muy con claridad lo podían todos ver. Porque, como antes era tan ruin, decía yo que no podía creer que si el demonio hacía esto para engañarme y llevarme al infierno, tomase medio tan contrario como era quitarme los vicios y poner virtudes y fortaleza. Porque veía claro con estas cosas quedar en una vez otra [33](33).

            14. Mi confesor, como digo -que era un padre bien santo de la Compañía de Jesús- [34](34), respondía esto mismo según yo supe. Era muy discreto y de gran humildad, y esta humildad tan grande me acarreó a mí hartos trabajos; porque, con ser de mucha oración y letrado, no se fiaba de sí, como el Señor no le llevaba por este camino [35](35). Pasólos harto grandes conmigo de muchas maneras. Supe que le decían que se guardase de mí, no le engañase el demonio con creerme algo de lo que le decía. Traíanle ejemplos de otras personas. Todo esto me fatigaba a mí. Temía que no había de haber con quién me confesar, sino que todos habían de huir de mí. No hacía sino llorar.

            15. Fue providencia de Dios querer él durar en oírme, sino que era tan gran siervo de Dios, que a todo se pusiera por Él. Y así me decía que no ofendiese yo a Dios ni saliese de lo que él me decía; que no hubiese miedo me faltase. Siempre me animaba y sosegaba. Mandábame siempre que no le callase ninguna cosa. Yo así lo hacía. Él me decía que haciendo yo esto, que aunque fuese demonio, no me haría daño, antes sacaría el Señor bien del mal que él quería hacer a mi alma. Procuraba perfeccionarla en todo lo que él podía. Yo, como traía tanto miedo, obedecíale en todo, aunque imperfectamente, que harto pasó conmigo tres años y más [36](36), que me confesó, con estos trabajos; porque en grandes persecuciones que tuve, y cosas hartas que permitía el Señor me juzgasen mal, y muchas estando sin culpa, con todo venían a él y era culpado por mí, estando él sin ninguna culpa.

            16. Fuera imposible, si no tuviera tanta santidad -y el Señor que le animaba- poder sufrir tanto, porque había de responder a los que les parecía iba perdida, y no le creían; y por otra parte, habíame de sosegar a mí y de curar el miedo que yo traía, poniéndomele mayor. Me había por otra parte de asegurar, porque a cada visión, siendo cosa nueva, permitía Dios me quedasen después grandes temores. Todo me procedía de ser tan pecadora yo y haberlo sido. Él me consolaba con mucha piedad y, si él se creyera a sí mismo, no padeciera yo tanto; que Dios le daba a entender la verdad en todo, porque el mismo Sacramento [37](37) le daba luz, a lo que yo creo.

            17. Los siervos de Dios, que no se aseguraban, tratábanme mucho [38](38). Yo, como hablaba con descuido algunas cosas que ellos tomaban por diferente intención (yo quería mucho al uno de ellos, porque le debía infinito mi alma y era muy santo; yo sentía infinito de que veía no me entendía, y él deseaba en gran manera mi aprovechamiento y que el Señor me diese luz), y así lo que yo decía -como digo- sin mirar en ello, parecíales poca humildad. En viéndome alguna falta -que verían muchas-, luego era todo condenado. Preguntábanme algunas cosas; yo respondía con llaneza y descuido. Luego les parecía los quería enseñar, y que me tenía por sabia. Todo iba a mi confesor, porque, cierto, ellos deseaban mi provecho. Él a reñirme.

            18. Duró esto harto tiempo, afligida por muchas partes, y con las mercedes que me hacía el Señor todo lo pasaba.

            Digo esto para que se entienda el gran trabajo que es no haber quien tenga experiencia en este camino espiritual, que a no me favorecer tanto el Señor, no sé qué fuera de mí. Bastantes cosas había para quitarme el juicio, y algunas veces me veía en términos que no sabía qué hacer, sino alzar los ojos al Señor. Porque contradicción de buenos [39](39) a una mujercilla ruin y flaca como yo y temerosa, no parece nada así dicho, y con haber yo pasado en la vida grandísimos trabajos, es éste de los mayores.

            Plega al Señor que yo haya servido a Su Majestad algo en esto; que de que le servían los que me condenaban y argüían, bien cierta estoy, y que era todo para gran bien mío.

                                            COMENTARIO AL CAPÍTULO 28

                                          Se intensifica la presencia de Jesucristo
                                          Y reaflora la oposición del grupo censor


            La narración se centra de nuevo en los acontecimientos interiores de Teresa: auge de su vida mística; nuevas experiencia cristológicas; comienzo de las visiones imaginarias. - Dedica al tema la primera sección del capítulo (nn. 1-12).

            En torno al nuevo hecho místico reaparece el quinteto de censores. Y se recrudece extrañamente la oposición a Teresa y a sus visiones. Ahora la oposición a ella gravita también en torno a su confesor el jesuita Baltasar Álvarez: "Le decían que se guardase de mí, que no le engañase el demonio con creerme". - A esa dramática oposición le dedica la sección segunda del capítulo (nn. 12-18).

            En la exposición, aflora de vez en cuando el diálogo con el lector primero, P. García. Es el "vuestra merced" de los números 2-3. A causa de él se deja alicorto el presente relato de las nuevas gracias cristológicas, porque ya se las ha contado en escrito aparte: "Particularmente (lo) escribí a v. m. cuado mucho me lo mandó, y hacíaseme harto de mal, porque no se puede decir, que no sea deshacerse; mas lo mejor que supe, ya lo dije, y así no hay por qué tornar a decirlo aquí" (n. 3). Desafortunadamente, ese primer relato no ha llegado hasta nosotros. (A lo largo del capítulo resultará extraño no ver al P. García intervenir en la polémica, a favor de Teresa y frente a sus opositores).

            Es sencillo el trazado del capítulo:

            ‑ Núms. 1-3: Los hechos, "apariciones" de Cristo.

            ‑ Núms. 4-13: Su explicación. Cómo es la visión imaginaria (4-10), su diferencia de los trucos diabólicos (10. 12-13), y psicológicos (11...).

            ‑ Núms. 12-18: La marejada de los consejeros adversos.

            ‑ Núms. 8-9: En el centro del relato, oración de Teresa a Cristo.


La nueva experiencia cristológica

            El epígrafe del capítulo lo resume en tres enunciados: "Trata las grandes mercedes que la hizo el Señor, / cómo se le apareció la primera vez, / declara qué es visión imaginaria". Y concluye con el encomio: "Es muy provechoso capítulo y mucho de notar".

            El dato novedoso y central recae sobre la nueva manera de experimentar la presencia de Cristo. Teresa lo formula así: "Un día de san Pablo, estando en misa, se me representó toda esta Humanidad Sacratísima (de Jesucristo) como se pinta resucitado, con tanta hermosura y majestad como particularmente escribí a vuestra merced...".

            En la cronología teresiana, ese "día de san Pablo" fue, con toda probabilidad, el 21 de enero de 1561. Día en que la liturgia celebraba la fiesta de la "Conversión de San Pablo".

            Recordemos que la conversión del Apóstol ocurrió a raíz de una aparición del Resucitado. Y que esa aparición estaba sumamente presente en la liturgia de la fiesta. Con todo, Teresa no relaciona expresamente la propia experiencia mística con la del Apóstol. De hecho, ya había precisado que su primera visión de Jesucristo había tenido lugar "un día del glorioso san Pedro" estando en oración (cap. 27, 2). Entre una y otra experiencia habían mediado sólo siete meses.

            Según ella, esta "primera aparición" del día de san Pablo se situaba al final de un corto proceso de "visiones imaginarias": primero, "quiso el Señor mostrarme solas las manos, con tan gran hermosura que no lo podría yo encarecer". En segundo lugar, su rostro: "Desde a pocos días vi también aquel divino rostro, que del todo me parece me dejó absorta". Y en un tercer momento "toda su Humanidad Sacratísima".

            Al referirlo, la Santa distingue netamente tres tipos de visiones: la que más tarde llamará "intelectual" (primera experiencia de la presencia del Señor a su lado: cap. 27); las visiones imaginarias, como estas tres que acaba de apuntar; y las visiones corporales, percibidas con el sentido de los ojos, de las que ella en su vida mística nunca tuvo experiencia, aunque erróneamente las prefería (4).

            La novedad de estas nuevas visiones (manos, rostro, Humanidad del Señor) consiste en que ya no percibe sola su presencia o su acción; sino que lo ve a Él mismo "con los ojos del alma". Lo ve resucitado y glorioso. En su ser humano y corporal. Con "majestad y hermosura" indecibles: Con perfil y belleza inolvidables, que se le quedan "imprimidos" a cincel en el alma: "Tan imprimida queda aquella majestad y hermosura, que no hay poderlo olvidar" (9). "La gloria que trae consigo ver cosa tan sobrenatural hermosa, desatina" (2). Sólo digo que cuando otra cosa no hubiese para deleitar la vista en el cielo..., es grandísima gloria" (3).

            Son visiones que traen consigo una doble eficacia, que las hace inconfundibles: ‑ producen el efecto psicológico de quedar grabadas a cincel; y sobre todo, el efecto ético transformador de la persona y de su nivel de relación con Cristo Jesús: "queda el alma otra... Parécele comienza de nuevo amor vivo de Dios en muy alto grado... (9). Esos efectos sirven a Teresa como criterios de discernimiento, primero a nivel psicológico: "ser imaginación esto, es imposible de toda imposi-bilidad" (11); y luego a nivel teológico, para discernirlas de posibles tru-cos diabólicos (12).

            En adelante, es decir en el sucesivo crescendo de la experiencia mística de la Santa, seguirá percibiendo ambos tipos de visiones: inte-lectuales e imaginarias. Nunca las corporales.


"Contradicción de buenos a una mujercilla
ruin y flaca como yo, y temerosa"

            Es el reverso de la medalla, la oposición a sus gracias místicas.

            Ya lo había advertido ella en capítulos anteriores. Ahora le concede puesto especial en la segunda parte del capítulo. El rechazo llegará a tope en el capítulo siguiente, con la imposición del burdo gesto de las higas.

            Es tema importante, por informarnos acerca del clima psicológico, religioso y social en que se produce el hecho místico teresiano. Clima tan adverso, que llega a rozar el paroxismo. Queda bien reflejado en el resumen que hace ella misma al final del relato: "Gran trabajo... Bastantes cosas había para quitarme el juicio. Algunas veces me veía en términos que no sabía qué hacer sino alzar los ojos al Señor" (n. 18).

            Era una oposición paradójica. Frontal y amistosa. Capitaneada por un grupo de amigos, discordes entre sí. Todos "muy siervos de Dios" y "muy santos", pero mediocres. Sin inconveniente en tomarlo a burla; y a la vez decirle lo peor que se podía decir a una monja de entonces; que, sencillamente, lo suyo "era demonio". Manteniendo con Teresa un clima de amistad, y a la vez pasando la voz de que se guarden de ella.

            En el centro del tiroteo estaba el confesor de Teresa, el joven Baltasar Álvarez. Jesuita virtuoso y letrado, pero inseguro y ansioso. "Era muy discreto -dice ella- y de gran humildad, y esta humildad tan grande me acarreó a mí hartos trabajos; porque... no se fiaba de sí, como el Señor no le llevaba por este camino" (14). "Yo, como traía tanto miedo, obedecíalo en todo" (15).

            Su intervención más arriesgada fue obligar a Teresa a confiar su caso a otros consejeros, fuera de confesión. Lo cual dio alas al rumoreo en torno a la monja visionaria, juguete del diablo. Es el momento en que Teresa tiene que habérselas en directo con el grupo de opositores, no sólo narrando sus experiencias, sino aportando razones y contrapruebas para discernirlas: "Esta razón, con otras. Daba yo cuando me decían que era demonio... Yo les dije una vez que si los que me decían esto me dijesen...", etc. (12. 13).

            Hagamos un sencillo balance de esa guerrilla de razones y sinrazones:

            a) Las razones de los opositores: Los del quinteto fundan su resistencia a los fenómenos místicos de Teresa en razones aparentemente teológicas: - En la disparidad o desventaja de Teresa respecto de otras mujeres que hay en la ciudad mucho más perfectas que ella, a quienes sin embargo no se les otorgan tales gracias, "porque como había personas muy santas en este lugar (y yo en su comparación una perdición) y no los llevaba el Señor por este camino, luego era el temor en ellos" (12); - En la libertad que Teresa se arroga para dar su parecer sobre temas que se le preguntan capciosamente, y que ellos retienen falta de humildad y síntoma de mal espíritu: "Preguntábanme algunas cosas, yo respodía con llaneza y descuido. Luego les parecía los quería enseñar y que me tenía por sabia" (17). - Pero sobre todo eso, lo que cunde en estos hombres son los prejuicios de demonismo -no teología, sino superstición-, impactados como están por los casos de visionarias, surgidos en los ambientes de alumbrados y fustigados por la Inquisición.

            b) Las razones de Teresa. - Son lúcidas, muy pensadas y sopesadas, las razones que ella alega como criterios de discernimiento. Aunque se las rechacen, Teresa no se apeará de ellas en toda su vida. Son, en cambio, oscuras pero sintomáticas sus reacciones ante las gracias místicas y ante el acoso de sus opositores: Teresa tiene una reacción de sorpresa y de temor ante cada nueva experiencia mística. Y ante la postura de sus jueces, tiene el recelo de que son sus pecados y su "ruin vida" lo que permite que Dios la abandone al engaño o al engañador. Han sido sus consejeros los que han inoculado en su conciencia el tema de la desproporción entre su ruin vida y los favores místicos que alega.

            c) La evaluación del lector de hoy. - Creyente o no creyente, lo mismo el lector literato que el teólogo, normalmente están mal prevenidos contra el fenómeno de las visiones, sean religiosas o no. En el caso de Teresa y precisamente en esta página de su libro, es neto el contraste de luces y sombras. Al lector religioso le interesan las luces. Al crítico, las sombras. Ocurre que el hecho místico de Teresa -sus visiones- acontece contra corriente, en contexto adverso, diríase refractario, a tres niveles diversos: psicológico, religioso y social.

            - En el plano psicológico, Teresa está en constante actitud de resistencia a los fenómenos que "padece" y que por fin se le imponen. Ajena a toda complicidad, consciente o subconsciente, ella resiste hasta sucumbir a lo que misteriosamente se le produce: pues ella no lo produce, lo recibe. Y sus resistencias no son represión. Ni conocía previamente ni deseaba nada de eso que le sucede.

            - Desde el punto de vista religioso, Teresa sufre una verdadera presión en contra de su hecho místico. Hay en torno a ella un grupo de representantes oficiales de la religión -prestigiosos y autorizados, en su opinión-, que se mantienen pertinazmente adversos a lo que a ella le ocurre, y lo colocan al lado opuesto de lo religioso, incluso encasillándola sin paliativos en la categoría de lo demoníaco. Los hechos místicos de Teresa tienen que abrirse paso superando esa barrera.

            - Y en el plano sociológico, no tiene para ella nada de atrayente ni de estimulante sentirse adjudicada al grupo marginal de las visionarias embaucadoras, expuestas a la irrisión y al ridículo (a ello alude Teresa cuando escribe burlarse, reírse, mujercillas) o al avizoreo de la Inquisición (explícitamente se la mencionará sólo más adelante: 33, 5).

            Por todo ello; ese múltiple clima adverso se convierte a posteriori en garante de autenticidad de su hecho místico, más allá de los planos psicológico, religioso y social. Teresa misma tendrá conciencia de ello. No olvidará nunca esa jornada negra de su vida mística. Pero se le convertirá en signo positivo. Cuando la resuma, diez años después, en una de sus Relaciones, recordará: "Estuvieron más de seis años haciendo hartas pruebas..., y mientras más pruebas se hacían, más (mercedes) tenía..." (Rel 4, 5).


            NOTAS

            1. El duplicado de "Vida" en "Moradas". - El doble tema de las visiones intelectuales e imaginarias (cc. 27 y 28), tendrá un paralelo en las Moradas VI, que asimismo dedican sendos capítulos al tema: M 6, 8, cómo se comunica Dios al alma "por visión intelectual", y M 6, 9, "de cómo se comunica Dios al alma por visión imaginaria". En este último, enumerará, una a una, las razones para discernir dichas visones (n. 14-16), y explicitará la referencia a la visión de san Pablo: "Como cuando fue derrocado san Pablo, vino aquella tempestad y alboroto en el cielo, así acá..." (M 6, 9, 10).

            2. El episodio de los censores opositores. - Lo condensará, diez años más tarde, en una de sus Relaciones, destinada precisamente a un consultor de la Inquisición. Recuerda primero a fray Pedro de Alcántara, que "fue el que puso mucho por que se entendiese que era buen espíritu". Y prosigue: "Estuvieron más de seis años haciendo hartas pruebas... y ella con hartas lágrimas y aflicciones: mientas más pruebas se hacían, más (visiones) tenía, y suspensiones o arrobamientos hartas veces, aunque no sin sentido. Hacíanse hartas oraciones y decíanse misas por que el Señor la llevase por otro camino, porque su temor era grandísimo cuando no estaba en la oración... Se afrentaba mucho y se corría de ver que se entendía y, aunque si no era a confesores y a personas que le habían de dar luz, jamás trataba nada, y a éstos sentía más decirlo que si fueran grandes pecados, porque le parecía que se reirían de ella y que eran cosas de mujercillas, que siempre las había aborrecido oír" (Rel 4, 5).



    [1] Torna al tema de la visión referida en el c. 27, 2‑5: "visión muy continua".
    [2] García de Toledo.
    [3] Sobrenaturalmente hermosa. Uso del término técnico "sobrenatural" como adverbio. De nuevo en el n. 9. Cf. 17, 7 nota 25.
    [4] Probablemente el 25 de enero de 1561, fiesta de la conversión de San Pablo.
    [5] Vuestra merced: García de Toledo. Alude la Santa a una "Relación" hecha anteriormente para dicho Padre. No ha llegado hasta nosotros. El "mucho me lo mandó" indica una vez más el vivo interés de este teólogo por los escritos de la Santa (cf. epílogo, n. 2).
    [6] Trata de evaluar tres "maneras de visión". Es más perfecta la pasada (visión espiritual: c. 27, 2); más perfecta que ésta (visión imaginaria de que viene hablando); y ésta mucho más que las corporales (de las que acaba de decir que nunca las vio). Esta (la corporal) dicen que es la más baja (de menor calidad). ‑ Nótese que en toda esta evaluación la Santa se remite a "lo que dicen los entendidos".
    [7] Es decir: en comparación de una muy turbia...
    [8] Tan de presto, tan súbitamente.
    [9] Divertimiento: distracción.
    [10] Lo dirá en el c. 29, 7.
    [11] Es decir, la explicación teológica (o psicológica) la deja para los hombres de ciencia.
    [12] García de Toledo.
    [13] Lo ha dicho en los cc. 10, 9 y 13, 18.
    [14] Y mientras más, más: cuanto más dificultosas son, más devoción me producen.
    [15] Nótese en todo el pasaje la neta contraposición de los dos tipos de saber: ella "dirá lo que ha visto por experiencia"; a los técnicos de la teología les tocará explicarlo.
    [16] Hartos (dibujos) he visto buenos: quedan numerosos testimonios del gusto de la Santa por la buena pintura. Y de su afición a las imágenes, especialmente de Cristo (Camino 34, 11). Ella misma bordaba primorosamente.
    [17] Mil mundos y sin cuento mundos: mundos sin fin. ‑ En la frase final: no es nada: el "no" es redundante.
    [18] Reminiscencia de los textos litúrgicos que presentan el descenso del Resucitado "a los infiernos" (al limbo).
    [19] Alusión a los textos evangélicos: Mt 24, 30; 25, 31...
    [20] Humildad que deja la visión.
    [21] Muy sobrenaturalmente (cf. nota 3).
    [22] Lo dirá en el c. 30, nn. 12, 15, 18...
    [23] Alude a la visión "intelectual" referida en el c. 27, 2. Dice que aunque ésta es "más subida" (cf. n. 4), sin embargo las "visiones imaginarias", por quedar más impresas en la memoria, pueden ser más útiles.
    [24] Contrahacerla: imitarla o simularla.
    [25] Lo ha dicho en este mismo número.
    [26] En el c. 27, n. 7 y siguientes.
    [27] Lo ha dicho en el n. 4 de este capítulo.
    [28] Dejará la frase inconclusa, por introducir la comparación y el largo paréntesis. El sentido es: "si fuese fantaseado por el propio entendimiento, aparte que no haría los grandes efectos que hace la visión verdadera, la visión falsa dejaría al alma desvanecida..."
    [29] Acá: en la visión falsa. Pero sigue inmediatamente otro "acá", que designa la visión verdadera. ‑ Al final del número: conhortado, escribe la Santa (cf. 30, 9; 31, 4).
    [30] En este lugar: Ávila.
    [31] Es decir, que los secretos de la Santa pasaban o se corrían de manera que se hacían públicos...
    [32] Más claro: "si... me dijeran de una persona a quien etc...".
    [33] Es decir: "quedar de una vez cambiada o trasformada".
    [34] "El P. Baltasar Álvarez", anotó el P. Gracián en su ejemplar. ‑ El P. Baltasar ‑"de los mayores amigos que tengo", escribía la Santa ya al fin de su vida (carta a Isabel de Osorio, 8 de abril de 1580)‑, fue jesuita, nacido en Cervera (La Rioja) en 1553. Rector de los Colegios de Medina, Salamanca y Villagarcía de Campos, Provincial varias veces y Visitador. Contaba de 25 a 26 años cuando asumió la dirección del alma de Santa Teresa (1558 ó 1559), de modo que la fina observación que hace enseguida la Santa: "no se fiaba de sí", es la más cabal alabanza que pueda hacerse de la prudencia de este joven jesuita recién ordenado sacerdote (1588).
    [35] El Señor no le llevaba por este camino de gracias místicas. "Hizo en ella (en la Santa) rigurosas pruebas... y muy grandes exámenes y, entre otros, la hizo confesarse generalmente con el rostro descubierto en el colegio de San Gil de esta ciudad". (Dicho de Ana de los Angeles: BMC 19, 554). ‑ Y el biógrafo del P. Baltasar añade: "Quitóla la comunión 20 días, para ver cómo lo llevaba" (L. DE LA PUENTE: Vida del P. Baltasar, c. 11).
    [36] Pero fue su confesor por espacio de seis años, según confesión de la propia Santa: "Baltasar Álvarez, que es ahora (1576) rector de Salamanca, la confesó seis años" (Rel. 4, 1). Los tres años largos a que aquí alude la Santa, fueron los primeros, especialmente penosos: 1558‑1561.
    [37] El biógrafo de Baltasar Álvarez glosa así este pasaje: "En lo que dice en las últimas palabras "que el sacramento le daba luz", apunta las revelaciones que (el P. Baltasar) tenía en la misa acerca de las personas que tenía a su cargo" (op. cit. c. 11). Con todo, cf. c. 23, 14 de Vida.
    [38] Los siervos de Dios: los "cinco o seis" a que aludió en el c. 25. 14. ‑ El más reacio, recordado enseguida, es el "caballero santo", Francisco de Salcedo.
    [39] Contradicción de buenos a una mujercilla... parece cosa de nada, dicho así en suma (cf. c. 36, 22, y 30, 6).
 
   
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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)