26.3.11

Camino de Perfección Cap. 6

 
Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.




Camino de Perfección.
2º Redacción (Códice de Valladolid)
Capítulo 6
 
 
 

 
Torna a la materia que comenzó del amor perfecto.

            1. Harto me he divertido; mas importa tanto lo que queda dicho, que quien lo entendiere no me culpará. Tornemos ahora al amor que es bien y lícito nos tengamos (1)[1], del que digo es puro espiritual. No sé si sé lo que me digo. Al menos paréceme no es menester mucho hablar en él, porque le tienen pocos. A quien el Señor se le hubiere dado, alábele mucho, porque debe ser de grandísima perfección. En fin, quiero tratar algo de él. Por ventura hará algún provecho, que poniéndonos delante de los ojos la virtud, aficiónase a ella quien la desea y pretende ganar. 
(sigue aquí --- en "Más información"... )


            2. Plega a Dios yo sepa entenderle, cuánto más decirle, que ni creo sé cuál es espiritual, ni cuándo se mezcla sensual, ni sé cómo me pongo a hablar en ello. Es como quien oye hablar de lejos, que no entiende lo que dicen; así soy yo, que algunas veces no debo entender lo que digo y quiere el Señor sea bien dicho; si otras fuere dislate, es lo más natural a mí no acertar en nada.

            3. Paréceme ahora a mí que cuando una persona ha llegádola Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es amar al Criador o a la criatura (esto visto por experiencia, que es otro negocio que sólo pensarlo y creerlo), o ver y probar qué se gana con lo uno y se pierde con lo otro, y qué cosa es Criador y qué cosa es criatura, y otras muchas cosas que el Señor enseña a quien se quiere dar a ser enseñado de él en la oración o a quien Su Majestad quiere, que aman muy diferentemente de los que no hemos llegado aquí.

            4. Podrá ser, hermanas, que os parezca tratar en esto impertinente y que digáis que estas cosas que he dicho ya todas las sabéis. Plega al Señor sea así que lo sepáis de la manera que hace al caso, imprimido en las entrañas; pues si lo sabéis, veréis que no miento en decir que a quien el Señor llega aquí tiene este amor. Son estas personas que Dios las llega a este estado almas generosas, almas reales; no se contentan con amar cosa tan ruin como estos cuerpos, por hermosos que sean (2)[2], por muchas gracias que tengan, bien que place a la vista y alaban al Criador; mas para detenerse en ello, no. Digo «detenerse», de manera que por estas cosas los tengan amor; parecerles hía que aman cosa sin tomo y que se ponen a querer sombra; correrse hían de sí mismos y no tendrían cara, sin gran afrenta suya, para decir a Dios que le aman.

            5. Diréisme: «Esos tales no sabrán querer ni pagar la voluntad que se les tuviere».

            - Al menos dáseles poco de que se la tengan. Ya que de presto algunas veces el natural lleva a holgarse de ser amados, en tornando sobre sí ven que es disparate, si no son personas que las ha de aprovechar su alma o con doctrina o con oración. Todas las otras voluntades les cansan, que entienden ningún provecho les hace y les podría dañar, no porque las dejan de agradecer y pagar con encomendarlos a Dios. Tómanlo como cosa que echan carga al Señor los que las aman, que entienden viene de allí, porque en sí no les parece que hay qué querer, y luego les parece las quieren porque las quiere Dios, y dejan a Su Majestad lo pague y se lo suplican, y con esto quedan libres, que les parece no les toca. Y bien mirado, si no es con las personas que digo que nos pueden hacer bien para ganar bienes perfectos, yo pienso algunas veces cuán gran ceguedad se trae en este querer que nos quieran.

            6. Ahora noten que, como el amor, cuando de alguna persona le queremos, siempre se pretende algún interés de provecho o contento nuestro, y estas personas perfectas ya todos los tienen debajo de los pies los bienes que en el mundo les pueden hacer y regalos, los contentos ya están de suerte, que, aunque ellos quieran, a manera de decir, no le pueden tener que lo sea fuera de con Dios o en tratar de Dios. Pues ¿qué provecho les puede venir de ser amados?

            7. Como se les representa esta verdad, de sí mismos se ríen de la pena que algún tiempo les ha dado si era pagada o no su voluntad. Aunque sea buena la voluntad, luego nos es muy natural querer ser pagada. Venido a cobrar esta paga, es en pajas, que todo es aire y sin tomo, que se lo lleva el viento. Porque, cuando mucho nos hayan querido, ¿qué es esto que nos queda? Así que, si no es para provecho de su alma con las personas que tengo dichas, porque ven ser tal nuestro natural que si no hay algún amor luego se cansan, no se les da más ser queridas que no.

            Pareceros ha que estos tales no quieren a nadie, ni saben, sino a Dios.

            - Mucho más (3)[3], y con más verdadero amor, y con más pasión y más provechoso amor: en fin, es amor. Y estas tales almas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir; aun con el mismo Criador les acaece esto. Digo que merece éste nombre de amor, que esotras aficiones bajas le tienen usurpado el nombre.

            8. También os parecerá, que si no aman por las cosas que ven, que ¿a qué se aficionan?

            - Verdad es que lo que ven aman y a lo que oyen se aficionan; mas es a cosas que ven son estables. Luego éstos, si aman, pasan por los cuerpos y ponen los ojos en las almas y miran si hay qué amar; y si no lo hay y ven algún principio o disposición para que, si cavan, hallarán oro en esta mina, si la tienen amor, no les duele el trabajo; ninguna cosa se les pone delante que de buena gana no la hiciesen por el bien de aquel alma, porque desean durar en amarla y saben muy bien que, si no tiene bienes y ama mucho a Dios, que es imposible. Y digo que es imposible, aunque más la obligue y se muera queriéndola y la haga todas las buenas obras que pueda y tenga todas las gracias de naturaleza juntas; no tendrá fuerza la voluntad ni la podrá hacer estar con asiento. Ya sabe y tiene experiencia de lo que es todo; no le echarán dado falso (4)[4]; ve que no son para en uno, y que es imposible durar a quererse el uno al otro, porque es amor que se ha de acabar con la vida si el otro no va guardando la ley de Dios y entiende que no le ama y que han de ir a diferentes partes.

            9. Y este amor que sólo acá dura, alma de éstas a quien el Señor ya ha infundido verdadera sabiduría, no le estima en más de lo que vale, ni en tanto. Porque para los que gustan de gustar de cosas del mundo, deleites y honras y riquezas, algo valdrá, si es rico o tiene partes para dar pasatiempo y recreación; mas quien todo esto aborrece ya, poco o nonada se le dará de aquello.

            Ahora, pues, aquí -si tiene amor- es la pasión para hacer esta alma para ser amada de él (5)[5]; porque, como digo, sabe que no ha de durar en quererla. Es amor muy a su costa. No deja de poner todo lo que puede porque se aproveche. Perdería mil vidas por un pequeño bien suyo.

            ¡Oh precioso amor, que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien!

COMENTARIO AL CAPÍTULO 6

La Madre Teresa habla de amor


            Por fin... la Autora da paso al tema del amor. El primero que se había propuesto tratar. Se le ha rezagado. Hay en él algo que se le resiste. De ahí las digresiones sobre confesores, letrados, libertad y cultura de las lectoras, que han retrasado este capítulo.

            El tema del amor es materia friable y delicada. Por varios motivos: imposible plantearlo sin evocar jirones de la propia historia, y Teresa tiene una intensa historia de amor. Además tratarlo aquí es hablarlo en directo con las doce jóvenes que tiene en casa, ganosas de entrenamiento, pero también ávidas de penetrar el misterio de la Madre y Maestra. Por fin, para Teresa hablar de amor en este momento no admite concesiones a lo secundario: tendrá que plantearles el tema del amor perfecto: "El que es puro espiritual".


El ideal del amor perfecto

            Y hablar de amor puro no será en modo alguno contraponerlo al amor en falsilla, al de la "cárcel de amor" o al de los libros de caballerías y al de las coplas que las del grupo oyen cantar más allá de las tapias claustrales. Ni como contrapunto de fondo, ni para volverlos a lo divino interesan aquí "esotras aficiones bajas que tienen robado el nombre" al amor (n. 7). Y tanto menos "esos amores de por acá desastrados"... (c. 7, 2). A Teresa y las lectoras les interesa el tema del "amor puro", como al alpinista la última cima de la montaña. Para "desearlo" y "pretender ganarlo". Para la escalada total.

            "Amor puro", en el léxico espiritual es un enunciado que empalma con una de las preocupaciones más fuertes de la historia de la espiritualidad cristiana. E incluso de la historia del pensamiento profano. Antes y después de Teresa (Santo Tomás y San Buenaventura, Bossuet y Fenelón) se preguntaba por la posibilidad del amor químicamente puro en el corazón del hombre: amor que no tenga adherencias de interesamiento egoísta, amor que no lleve entrañado el lastre de la esperanza y las miras retrospectivas de correspondencia, filtraciones de egoísmo que son en definitiva escoria del amor. Al lado mismo de Teresa surgirá fray Juan de la Cruz, para quien el gran hito del verdadero amante será "la igualdad de amor" entre el hombre y Dios: hasta amarlo a Dios tanto como uno es amado por El. Parecido a lo que aquí asegurará Teresa de sí misma en una confidencia camuflada: "Estas tales almas son siempre aficionadas a dar mucho más que no a recibir. Aun con el mismo Criador les acaece esto" (n. 7). Y cuando ella insiste en no amar lo que es sombra y humo y cosa soñada, un gran teresianista francés acercará esa página al mito de "la cueva y las sombras" en los Diálogos de Platón.

            Pues bien, la Santa se plantea en términos propios el problema ése del "amor puro":

            - Para ella, no se trata de una hipótesis de posibilidad metafísica, de si es posible o no en cualquiera de las lectoras el elixir del "amor puro". Teresa parte del presupuesto absoluto de la experiencia. Ese amor es un hecho cierto y cercano: "Visto por experiencia, que es otro negocio que sólo pensarlo y creerlo" (n. 3). Por tanto ella hablará de él desde la propia experiencia, para emplazar a las lectoras a que lo experimenten.

            - Para ella, el amor puro llevará a una verdadera "pasión de amor". Pero nace de un venero más hondo que la pasión. Por extraño que parezca, ese amor brota del encuentro previo con la verdad de las cosas, de la vida y de las personas. Para llegar a él, hay que haber atravesado la zona del sentimiento, y llegado al descubrimiento de los valores auténticos de la persona, los que están más allá de la belleza de los cuerpos, "por hermosos que sean, por muchas gracias de la naturaleza que tengan", por mucho que plazcan a la vista y sirvan para alabar al Criador (n. 4).

            - Para ella, el amor verdadero no pertenece a la esfera de las cosas caducas, tiene exigencia de perennidad. Se asienta sobre valores estables o los eleva a rango de tales. Ha de ser apto para "durar para siempre", como la persona misma.

            - Para ella, el amor puro es de espíritus nobles: "Almas generosas, almas reales". El amor necesita ese subsuelo. O brota en "almas reales" o las hace.

            - Para ella, es falsa la objeción de que el amor puro espiritualiza y desencarna. Y que deja fuera de órbita a los amigos de carne y hueso. Para amarlos sólo en un tercero (en el otro, con mayúscula), pero no en ellos mismos. Para Teresa, ese amor es la forja de las grandes amistades. Es fecundo en amigos. Lo repetirá en el capítulo siguiente, donde recordará las figuras de Agustín y de Mónica.


Sin comentarios

            El dilatado horizonte que abren las páginas de este capítulo del Camino es sumamente tentador. Pero ceder a la tentación de la glosa sería "divertir" al lector en el mismo sentido de distracción y extravío que confiesa la Santa al abrir la exposición con su típico "harto me he divertido".

            Aquí no entramos en el comentario. Al lector teresiano le decimos que es absolutamente necesario e insuplantable el encuentro personal con esa página de la Santa: capítulo sexto del Camino. Y que a lo sumo, para enmarcarla y ahondar en ella, debería volver sobre otras páginas de la Autora.

            Se las ofrecemos a modo de pistas:

            - Teresa habla desde su experiencia. Y la ha contado ya en Vida, como una historia de amor: capítulos 7, 24, 29, 37...

            - A distancia de once años, volverá a hacer otra exposición sistemática del tema, en clave doctrinal: en el Castillo Interior, Moradas V, capítulo 3E.

            - En un determinado momento de su caminar, Teresa se siente en fuerte sintonía con el amor cantado por la Biblia, especialmente con la protagonista del Cantar de los Cantares. Lo glosará en su libro Conceptos del Amor de Dios.

            - No podrá menos de cantarlo en verso. Escribirá varios poemas de amor: glosas y madrigales autobiográficos. Por ejemplo: "Dichoso el corazón enamorado..."; "¡Oh hermosura que excedéis..."; "Si el amor que me tenéis, Dios mío, es como el que os tengo..."; "Vivo sin vivir en mí...".


El trazado del capítulo. Pautas para leerlo

            Al gran tema del amor, Teresa le dedica de momento dos capítulos: sexto y séptimo del libro. Primero, dirá qué es ese amor puro y cómo es quien lo tiene (cap. 6). Luego hablará de sus cualidades: su eficacia apostólica y sus notas fisonómicas (cap. 7). En el libro, páginas adentro, volverá un sinfín de veces sobre el tema. No sólo porque es importante. Le gusta y la emociona. Hasta el extremo de que el censor de su manuscrito la obligará a cercenar páginas y entusiasmo.

            - Ahora nos enfrentamos con una primera porción del tema: el capítulo 6E.
            El capítulo sexto: "Del amor perfecto", reza el título. "El amor que es bien nos tengamos" ella y las lectoras del libro. "El (amor) que es puro espiritual", precisará en el número primero.

            - Capítulo intencionadamente pedagógico. Y a la vez secretamente autobiográfico. Con dos lecturas posibles. Una en clave de historia personal: Teresa habla del amor desde la propia experiencia. En el fondo, es eso lo que cuenta. Otra, en clave doctrinal: Teresa trata de definir el amor, introducir en él a las lectoras, y hacer la presentación del "amante perfecto". Quizás con alguna reminiscencia de los libros de Caballerías, pero mucho más con empalmes evangélicos netamente espirituales. Sigamos el hilo de esas dos claves de lectura.

            La lectura en clave de historia personal: más que una autobiografía, al lector se le ofrece una especie de autorradiografía del amor de la Autora. Una instantánea sobre su alma: convicciones, experiencias pasadas y presentes anhelos.

            - Comienza con un número de entrada (n. 1) y otro de camuflaje (n. 2). El camuflaje no es una ficción. Es un recurso obligado cada vez que se ve precisada a contar su experiencia honda en los libros doctrinales. Gesto de pudor. Lo utilizará constantemente en las moradas.

            - Enseguida Teresa evoca su experiencia fuerte, el paso de un amor a otro amor. Ocurrió cuando sus ojos se abrieron al "claro conocimiento de la verdad". Se emociona recordándolo: "cuando (a) una persona la ha llegado Dios a claro conocimiento de lo que es el mundo, y qué cosa es el mundo, y que hay otro mundo, y la diferencia que hay de lo uno a lo otro, y que lo uno es eterno y lo otro soñado, o qué cosa es amar al Criador o a la criatura..." esa persona ama con amor "muy diferente" (n. 3).

            - Ella ama diferente. Se siente "alma real". Se ríe de sí misma y de la futilidad de los amorcillos de antaño. Ahora tiene un amor "que merece este nombre de amor..." (nn. 4-7).

            Lectura en clave doctrinal. Como en las mejores páginas pedagógicas de la Santa, el capítulo sigue un trazado dialogal. Cruce de pensamientos y preguntas entre la Madre Teresa y las lectoras, jóvenes todas ellas, recién venidas del amor profano y que en la Madre Fundadora han descubierto a una enamorada perdida por un amor diverso. Por eso la exposición recupera en parte el diálogo y la problemática del grupo, puro trasunto de los coloquios cotidianos. El escrito prolonga el tema de lo conversado. En la primera redacción, la Autora recoge sólo un par de preguntas u objeciones de las lectoras. En la redacción segunda la problemática se enriquece con varias preguntas más (núms. 5-7). Sobre este entramado coloquial se articula toda la exposición:

            - Apenas ha enunciado el tema (n. 3), Teresa capta de la boca de las lectoras un precipitado "ya lo sabemos": "Podrá ser que digáis que estas cosas que he dicho ya todas las sabéis" (n. 4).

            - Respuesta inmediata y fuerte: ojalá lo supieseis "de la manera que hace al caso: imprimido en las entrañas". Es decir, por experiencia similar a la de ella (n. 4).

            - Segunda pregunta, esta vez en tono de objeción: "Diréisme..." que quienes aman con ese "amor puro", tan alambicado y espiritual, caerán en una especie de apatía de cara a los otros: al reclamo del amor humano "no sabrán querer ni pagar la voluntad que se les tuviere". ¿Gente insensible al amor...? (n. 5).

            - Respuesta fuerte y algo desconcertante: pues sí, "dáseles poco" de ciertos amores baladíes. Han pasado a otro plano afectivo. Sólo ahí y desde ahí, desde ese otro orden de valores y de amores entran en el juego del requiebro o del requerimiento amoroso profundo. Hasta implicar a Dios mismo en la amistad (n. 6).

            - Nueva objeción: en el fondo "os parecerá que esos tales no quieren a nadie -ni saben-, sino a Dios". Es la terrible objeción de siempre: un absoluto amor a lo divino, ¿no vacía de sentido y contenidos a todo amor humano?

            - Teresa responde con vehemencia: "¡Que sí aman! mucho más y con más verdadero amor, y con más pasión, y más verdadero amor: en fin, ¡es amor!..." (n. 7). Sin duda, la Autora se está acordando de los amigos fuertes que ahora tiene, y de cómo los ama. El concierto hecho con "los cinco que al presente nos amamos en Cristo" (Vida 16, 7). ¡Cómo pensar que eso no es amarlos a ellos en persona sino sólo de rebote o tangencialmente!

            - Todavía una objeción: ese amor tan acendrado y purificado ¿no quedará ya desmotivado y lejano? "Os parecerá que (esos tales) no aman por las cosas que ven, (y entonces) ¿a qué se aficionan?" (n. 8).

            - Respuesta: es verdad. Aman lo que ven. Pero se les ha afinado y dilatado la retina. Lo que ahora ven no es lo "soñado" sino lo real, lo digno de amor. "Esas cosas que ven son estables". Durarán para siempre. Fundan un amor no caduco o perecedero. Precisamente por eso, en el juego del amor a esos tales "no les echarán dado falso" (n. 8).

            - Ahora, por fin, Teresa puede poner en la balanza el doble orden de motivaciones generadoras de amor: en los afectos que ella (y ellas) han dejado atrás, podían ser decisivas "las gracias de naturaleza" (n. 8), o los tesoros del mundo, "deleites y honras y riquezas" (n. 9). En este otro amor, entran en juego los valores de fondo, la verdad, el bien, lo que dura y no pasa, la persona misma del amigo.

            - De ahí la verdadera faz del "amante perfecto": "El que va imitando al capitán del amor, Jesús, nuestro bien" (n. 9).


[1] Reanuda el tema del c. 4, n. 13. - La Santa había escrito: «Es bien y lícito...».
[2] En el ms. de Toledo la Santa intercaló este inciso: «digo amor que sujete y ate».
[3] Una segunda mano enmendó el autógrafo así: «Digo que sí aman mucho más...». La corrección no fue incluida por la Santa en el ms. de Toledo, ni pasó a la edición príncipe (p. 21v), ni a la de fray Luis (p. 37). - En el ms. de Toledo la Santa misma corrigió la frase siguiente: «...y con más pasión»: «aunque sin pasión», titubeo lexical que se debe a su inseguridad sobre el alcance filosófico-técnico del término «pasión»: «Yo sé poco de estas pasiones del alma» (M. IV, 1, 5). Ver la nota 5.
[4] «Echar dado falso»: engañar. - «No son para en uno»: no tienen condición para vivir unidos o conformes, o: «no son el uno para el otro».
[5] «Para ser amada»: equivale a «digna de, apta para...». Uno de los censores corrigió el autógrafo: «...para hacer esta alma ame a Dios para ser amada de él». En el ms. de Toledo la Santa corrige «pasión» y escribe «afición» (frase precedente), pero no acepta la enmienda del corrector, que no pasa a la edición príncipe (p. 23), pero sí a la de fray Luis (p. 39) y a la generalidad de las ediciones. - A continuación: «Como digo»: alude a lo dicho en el n. 8.

Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)