7.7.12

Capítulo 21 Fundaciones

Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D. 
Libro de las Fundaciones  
       
CAPÍTULO 21


En que se trata la fundación del Glorioso San José del Carmen de Segovia. Fundose el mismo día de San José, año de 1574 (1)[1].
1. Ya he dicho cómo después de haber fundado el monasterio de Salamanca y el de Alba y antes que quedase con casa propia el de Salamanca, me mandó el padre maestro fray Pedro Fernández, que era comisario apostólico (2)[2] entonces, ir por tres años a La Encarnación de Ávila, y cómo viendo la necesidad de la casa de Salamanca, me mandó ir allá para que se pasasen a casa propia. Estando allí un día en oración, me fue dicho de nuestro Señor que fuese a fundar a Segovia (3)[3]. A mí me pareció cosa imposible, porque yo no había de ir sin que me lo mandasen, y tenía entendido del padre comisario apostólico, el maestro fray Pedro Fernández, que no había gana que fundase más; y también veía que no siendo acabados los tres años que había de estar en la Encarnación, que tenía gran razón de no lo querer. Estando pensando esto, díjome el Señor que se lo dijese, que Él lo haría.

2. A la sazón estaba en Salamanca, y escribile que ya sabía cómo yo tenía precepto de nuestro reverendísimo General de que cuando viese cómodo en alguna parte para fundar, que no lo dejase. Que en Segovia estaba admitido un monasterio de éstos, de la ciudad y del Obispo; que si mandaba Su Paternidad, que le fundaría; que se lo significaba por cumplir con mi conciencia; y con lo que mandase quedaría segura o contenta. Creo estas eran las palabras, poco más o menos, y que me parecía sería servicio de Dios. Bien parece que lo quería Su Majestad, porque luego dijo que le fundase, y me dio licencia; que yo me espanté harto, según lo que había entendido de él en este caso. Y desde Salamanca procuré me alquilasen una casa, porque, después de la de Toledo y Valladolid, había entendido era mejor buscársela propia después de haber tomado la posesión, por muchas causas: la principal, porque yo no tenía blanca para comprarlas (4)[4], y estando ya hecho el monasterio luego lo proveía el Señor; y, también, escogíase sitio más a propósito.
3. Estaba allí una señora, mujer que había sido de un mayorazgo, llamada doña Ana de Jimena. Esta me había ido una vez a ver a Ávila y era muy sierva de Dios, y siempre su llamamiento había sido para monja. Así, en haciéndose el monasterio, entró ella y una hija suya de harto buena vida, y el descontento que había tenido casada y viuda le dio el Señor de doblado contento en viéndose en la religión. Siempre habían sido madre e hija muy recogidas y siervas de Dios (5)[5].
4. Esta bendita señora tomó la casa y de todo lo que vio habíamos menester, así para la iglesia como para nosotras, la proveyó, que para eso tuve poco trabajo. Mas porque no hubiese fundación sin alguno, dejado el ir yo allí con harta calentura y hastío y males interiores de sequedad y oscuridad en el alma, grandísima, y males de muchas maneras corporales, que lo recio me duraría tres meses, y medio año que estuve allí siempre fue mala (6)[6].
5. El día de San José, que pusimos el Santísimo Sacramento, que, aunque había del Obispo licencia y de la ciudad, no quise sino entrar la víspera secretamente de noche...; había mucho tiempo que estaba dada la licencia, y como estaba en la Encarnación y había otro prelado que el Generalísimo nuestro padre (7)[7], no había podido fundarla, y tenía la licencia del Obispo que estaba entonces, cuando lo quiso el lugar, de palabra, que lo dijo a un caballero que lo procuraba por nosotras, llamado Andrés de Jimena, y no se le dio nada tenerla por escrito, ni a mí me pareció que importaba. Y engañeme, que como vino a noticia del Provisor que estaba hecho el monasterio, vino luego muy enojado y no consintió decir más misa y quería llevar preso a quien la había hecho, que era un fraile Descalzo que iba con el padre Julián de Ávila (8)[8] y otro siervo de Dios que andaba conmigo, llamado Antonio Gaytán.
6. Este era un caballero de Alba, y habíale llamado nuestro Señor, andando muy metido en el mundo, algunos años había; teníale tan debajo de los pies, que sólo entendía en cómo le hacer más servicio. Porque en las fundaciones de adelante se ha de hacer mención de él, que me ha ayudado mucho y trabajado mucho, he dicho quién es; y si hubiese de decir sus virtudes, no acabara tan presto (9)[9]. La que más nos hacía al caso es estar tan mortificado, que no había criado de los que iban con nosotras que así hiciese cuanto era menester. Tiene gran oración, y hale hecho Dios tantas mercedes, que todo lo que a otros sería contradicción le daba contento y se le hacía fácil, y así lo es todo lo que trabaja en estas fundaciones. Que parece bien que a él y al padre Julián de Ávila los llamaba Dios para esto, aunque al padre Julián de Ávila fue desde el primer monasterio. Por tal compañía debía nuestro Señor querer que me sucediese todo bien. Su trato por los caminos era tratar de Dios y enseñar a los que iban con nosotras y encontraban, y así de todas maneras iban sirviendo a Su Majestad (10)[10].
7. Bien es, hijas mías, las que leyereis estas fundaciones, sepáis lo que se les debe, para que, pues sin ningún interés trabajaban tanto en este bien que vosotras gozáis de estar en estos monasterios, los encomendéis a nuestro Señor y tengan algún provecho de vuestras oraciones; que si entendieseis las malas noches y días que pasaron, y los trabajos en los caminos, lo haríais de muy buena gana.
8. No se quiso ir el Provisor de nuestra iglesia sin dejar un alguacil a la puerta, yo no sé para qué. Sirvió de espantar un poco a los que allí estaban. A mí nunca se me daba mucho de cosa que acaeciese después de tomada la posesión; antes eran todos mis miedos. Envié a llamar a algunas personas, deudos de una compañera que llevaba de mis hermanas (11)[11], que eran principales del lugar, para que hablasen al Provisor y le dijesen cómo tenía licencia del Obispo. Él lo sabía muy bien, según dijo después, sino que quisiera le diéramos parte, y creo yo que fuera muy peor. En fin, acabaron con él que nos dejase el monasterio, y quitó el Santísimo Sacramento (12)[12]. De esto no se nos dio nada. Estuvimos así algunos meses, hasta que se compró una casa, y con ella hartos pleitos. Harto le habíamos tenido con los frailes franciscos por otra que se compraba cerca. Con estotra le hubo con los de la Merced y con el Cabildo, porque tenía un censo la casa suyo.
9. ¡Oh Jesús!, ¡qué trabajo es contender con muchos pareceres! Cuando ya parecía que estaba acabado, comenzaba de nuevo; porque no bastaba darles lo que pedían, que luego había otro inconveniente. Dicho así no parece nada, y el pasarlo fue mucho.
10. Un sobrino del Obispo hacía todo lo que podía por nosotras, que era prior y canónigo de aquella iglesia (13)[13], y un licenciado Herrera, muy gran siervo de Dios. En fin, con dar hartos dineros se vino a acabar aquello. Quedamos con el pleito de los Mercedarios (14)[14], que para pasarnos a la casa nueva fue menester harto secreto. En viéndonos allá, que nos pasamos uno o dos días antes de San Miguel, tuvieron por bien de concertarse con nosotras por dineros. La mayor pena que estos embarazos me daban, era que no faltaban ya sino siete u ocho días para acabarse los tres años de la Encarnación, y había de estar allá por fuerza al fin de ellos (15)[15].
11. Fue nuestro Señor servido que se acabó todo tan bien, que no quedó ninguna contienda, y desde a dos o tres días me fui a La Encarnación (16)[16]. Sea su nombre por siempre bendito, que tantas mercedes me ha hecho siempre, y alábenle todas sus criaturas. Amén.
Notas del texto teresiano

[1]Escribió 1573, luego ella misma o un corrector enmendó: 1574. En idéntico error de datación incurrirá al titular los dos capítulos siguientes.
[2]Fueron los años 1571-1574. Véase el c. 19, n. 6. – Llegó la Santa a Salamanca el 31 de julio de 1573.
[3]De parte de nuestro Señor, había escrito: ignoramos de quién es la enmienda. – El P. Gracián marginó esta frase en el autógrafo: «Vino año de 73 por Santiago, y estuvo hasta después de Navidad de 74».
[4]No tenía blanca: no tenía dinero alguno, «ni un céntimo», diríamos hoy (cf. Vida c. 33, n. 12).
[5]Madre e hija: a saber, Dª Juana Jimena (en religión Ana de Jesús), y María de la Encarnación, que tomaron el hábito del Carmen de manos de la Santa el mismo día; y profesaron, también el mismo día, 2 de julio de 1575. La madre, Ana de Jesús, fue Priora de la comunidad.
[6]Es éste uno de los típicos pasajes en que la Santa pierde y vuelve a perder el hilo de la gramática, pero sin perder el del discurso que va refiriendo. Las frases quedan inconclusas; pero el sentido se capta fácilmente: Mas, porque no hubiese fundación sin algún trabajo... (aparte el ir yo... llena de ellos) ... el día de S. José... vino luego muy enojado el Provisor y no consintió decir misa. – En la trascripción del texto teresiano, prefiero señalar con puntos suspensivos el corte de la proposición inconclusa.
[7]Había otro Prelado que el G.: es decir, que tenía por Prelado a otro que al General; era el Comisario, investido de autoridad Pontificia.
[8]El fraile descalzo buscado por la justicia era S. Juan de la Cruz; sin embargo, parece ser que la primera misa no la había dicho él, sino Julián de Ávila.
[9]Hubiese decir, escribió la Santa, que en estas páginas incurre en bastantes errores de pluma; unas líneas más abajo escribe: atros (= a otros)... le daba contento; y en la tercera proposición del n. 8: compañera que lleva, etc.
[10]Antonio Gaitán, cuyo elogio hace aquí la Santa fue uno de esos sujetos que al caer en la órbita teresiana cristalizaron en un extraño y estupendo fenómeno de amistad incondicional. Después de una vida bastante distraída llegó a ser dirigido espiritual de la Santa (véase el Epistolario), quien tuvo para él la fina deferencia de admitir a su hija en el Carmelo de Alba a los 7 años de edad: llamose en religión Mariana de Jesús.
[11]Isabel de Jesús, hermana de Andrés Jimena.
[12]Acabaron con él: en la concebida acepción de ultimar un acuerdo. – No se nos dio nada: no nos importó. – Estuvimos así algunos meses, es decir, desde el 19 de marzo hasta el 24 de septiembre, en que la Santa tomó posesión de las nuevas casas, a tenor de un hermoso ceremonial de la época: el licenciado Tamayo tomó de la mano a la «M. Teresa de Jesús, Fundadora, y a Isabel de Sto. Domingo, Priora, y las metió en dicha casa, y en señal de posesión, la dicha Teresa de Jesús echó fuera della al dicho Diego de Porres (el dueño cesante) y se pasearon por ella de unas partes a otras; abrió y cerró las puertas, y hicieron un altar y tocaron su campanilla, y cantaron el salmo juntamente con las demás monjas: Laudate Dominum omnes gentes, y hicieron otros actos de posesión quieta y pacíficamente, sin contradicción de persona alguna» (B.M.C., t. 5, p. 174 nota).
[13]D. Juan de Orozco y Covarrubias de Leiva, sobrino del Obispo, prior del Cabildo de la Iglesia Catedral, más tarde Obispo de Guadix y Baza.
[14]Mercenarios, escribe la Santa: religiosos de la Orden de la Merced.
[15]Los tres años del Priorato de la Encarnación, que ocupaba la Santa. Cf. n. 1.
[16]Salió de Segovia el 30 de septiembre de 1574. El 6 de octubre concluía su trienio de Priora. – Recuérdese que la comunidad de Segovia engrosó sus filas con las monjas de Pastrana (cf. c. 17, n. 17): a poco de tomar posesión de la casa el día de S. José, Julián de Ávila y Gaitán partieron para Pastrana, de donde en cinco carros trajeron las 14 monjas que no habían plegado su cerviz a la señora de Éboli: llegaron a Segovia el 7 de abril de 1574.

 COMENTARIO AL CAPÍTULO 21
Funda el Carmelo de Segovia

 Nueva fundación. Total cambio de escena y de paisaje humano.

 Teresa viaja de Salamanca a Alba. Aquí la Duquesa pone a su disposición la carroza ducal para proseguir hasta Ávila. De Ávila a Segovia, el viaje es más humilde, acompañada de fray Juan de la Cruz, de Julián de Ávila –que se precia de ser su "escudero"–, del caballero charro, el fidelísimo Antonio Gaytán, y del grupo de fundadoras...

Ha salido de Salamanca a principios de año. Ahí había acontecido lo más importante, la orden de fundar: "Estando un día en oración, me fue dicho de nuestro Señor que fuese a fundar a Segovia. A mí me pareció cosa imposible..." (n. 1). Pero a partir de esa orden, la fundación se pone en marcha.

Por el paisaje del capítulo desfilan personajes de toda catadura. Se detiene cada uno un momento en escena y da paso al siguiente. De unos cuantos, Teresa traza un breve perfil. Primero de todos el Comisario Apostólico, Pedro Fernández, que le ha impuesto durante tres años el priorato de la Encarnación y ahora cede fácilmente a la propuesta de Segovia.

Aquí en Segovia comparece la delicada silueta de doña Ana de Jimena, viuda noble y hacendosa, que hace años ha sugerido a Teresa la venida y que, apenas fundado el Carmelo segoviano, ingresa en él con su propia hija y en él será pronto priora de la comunidad.

Sigue la preciosa semblanza del caballero de Alba, Antonio Gaytán, también viudo y con una hija. Se ha puesto a disposición de Teresa y casi bajo su dirección espiritual. "No había criado de los que iban con nosotras que así hiciese cuanto era menester. Tiene gran oración y hale hecho Dios tantas mercedes..." (n. 6; Cf la carta que ella le escribe uno de esos días sobre su entrenamiento en la oración: c. 75).

Y en contraste con ese tríptico, el aguafuerte del "Provisor" –suplente del Obispo, ausente en el Consejo Real de Madrid–, que apenas celebradas las primeras misas, "vino luego muy enojado y no consintió decir más misa", y casi yerra el tiro de su ira queriendo llevarse preso a fray Juan de la Cruz, que no había sido el celebrante de la misa primera. Como buen suplente, muy poseído de su mando, con gesto fulminante privó a la casa de tener Santísimo: "¡Quitó el Santísimo Sacramento!" (n. 8).

Pero sobrevienen todavía, en siluetas breves, a veces anónimas, otros actores de faz benévola: los dos hermanos Jimena, una de ambos la cantora del "Véante mis ojos... " que había provocado en Salamanca el éxtasis de Pascua y que ahora ha venido con ella a Segovia, donde su hermano Andrés de Jimena es el "caballero que procura por nososotras", al que ahora recurre de nuevo la Santa para que hable al iracundo Provisor (n. 8).

Y todavía otro personaje célebre, "un sobrino del Obispo". Lo anuncia la Santa: Juan de Orozco y Cobarruvias de Leiva, "que hacía todo lo que podía por nosotras". Este Cobarruvias es hermano del célebre autor del Tesoro de la lengua.., y él mismo será poco después Obispo de Guadix y Baza, uno de los primeros escritores que peroren en un libro la autenticidad de la mística teresiana (en su obra Tratado de la verdadera y falsa profecía. Segovia 1588).

Todos ellos entran en acción en el relato, que se articula sencillamente en tres o cuatro puntos:

         – Antecedentes y contactos para la fundación (nn.1‑4);

         – Ingreso e inauguración por sorpresa en casa alquilada (nn. 5‑8);

         – Traslado a la casa definitiva y séquito de dificultades (nn. 8‑10);

         – Regreso a la Encarnación de Ávila (n. 11).

Destaquemos los momentos más intensos de la narración. El primero lo subraya la autora misma al comenzar el capítulo: es la inesperada y sorpresiva decisión de fundar. Se debía a su doble situación: de obediencia bajo la mira del Comisario Apostólico, decididamente contrario a ulteriores fundaciones, y a su status de priora de la Encarnación de Ávila en ese trienio 1571‑1574, con una ya larga ausencia para promover la causa del Carmelo salmantino. En esa situación, a la Santa le parece "cosa imposible" emprender la nueva fundación. Pero la imposibilidad se la anula por un lado la palabra del Señor –primer actor, como se ve, en la fundación segoviana– y la inesperada condescendencia del Comisario apostólico a la neutral propuesta de la Santa.

El segundo momento, casi tacitado en el relato pero mucho más tenso, es el creado tras la inauguración de la Casa. Privada del Santísimo, la Comunidad consigue a duras penas la celebración de la Eucaristía, pero entre tanto la Santa tiene que adaptar y "ensanchar" la pequeña vivienda recién alquilada para una comunidad carmelita desbordante. En secreto absoluto organiza ella el desalojo del Carmelo de Pastrana, y de noche, en cinco carros de mala muerte, guiados por Julián de Ávila y por Antonio Gaytán, se presentan en Segovia las carmelitas fugitivas de Pastrana para engrosar, sin más, la nueva comunidad. ¡Tantas monjas en tan exiguo asilo! "Las que están acá –escribe a la priora de Valladolid–, yo las aseguro, son extremadas. Estaremos aquí 22, idas las seis, y la priora –que no es de aquí (es Isabel de Santo Domingo, venida de Pastrana), y la supriora, queda razonable..." (carta 73, 6).

Es decir, la casita y la comunidad quedan razonables, después de partir para otros Carmelos otras cuatro de las venidas de Pastrana "y aún son pocas" (ib). Escribía esto en septiembre de 1574, y la pequeña avalancha de las fugitivas de Pastrana había llegado a la casa alquilada de Segovia el 7 de abril, a los pocos días de la inauguración. Para la acompasada vida del nuevo Carmelo, había sido una situación de ultranza. Ya habían entrado las primeras ilustres vocaciones segovianas, entre ellas la dama doña Ana de Jimena y su hija y, novicias aún, se les muere ahí en Segovia, a los 24 de edad, el hijo heredero del mayorazgo, don Diego de Barrios, con nuevas ansias y problemas para la casa y sus fundadoras.

Todavía un tercer momento intensivo es el plan de regreso a la Encarnación, para finalizar el priorato. Mientras tramita la adquisición de la nueva casa, a Teresa le quedan los días contados. Ha de ir antes del 6 de agosto a Ávila. No sólo a rendir el finiquito de su trienio prioral, sino con una despedida digna. Ya a su regreso de Alba a Segovia, al detenerse en Ávila, había mitigado la pobreza de la casa con los mil reales que le había regalado su admiradora la Duquesa. Pero el monasterio sigue tan pobre que la Santa intensifica desde Segovia sus relaciones con el Mayordomo de la Encarnación, preocupándose de la comida y asegurándole que "yo traigo [ando] por acá mirando si puedo coger algo, para de que me vaya" (carta 74, 2: de final de septiembre). Y poco antes escribe, casi con ansia a su colaboradora factotum la priora de Valladolid, María Bautista:

"A fin de este mes (de septiembre) me iré a la Encarnación a mucho tardar. Si de aquí allá quisiera mandar algo, escríbamelo... Si tiene por allá quien me preste algunos reales..., porque no llevo blanca, y para ir a la Encarnación no se sufre, y aquí no hay ahora disposición, como se ha de acomodar la casa. Poco o mucho, me lo procure" (carta 71, 4‑5).

Son esos los afanes de sus últimos días priorales a distancia. No deja de ser una estampa interesante: la mística priora que ha llevado para la dirección espiritual de la Encarnación al místico fray Juan de la Cruz, tan seriamente preocupada a la hora del despido por aportar ayuda económica a la pobreza de la casa y comida para las pobres monjas del monasterio.

Es el último apunte del capítulo. Por fin, todo se ha arreglado a tiempo: "Harta prisa me doy a que nos pasemos antes que me vaya; no sé si desembarazarán (la nueva casa): hay poco que hacer..." (carta 73, 3).

Nota del Comentario

Fechas de la despedida:

         – A finales de septiembre (1574) inaugura esa nueva casa;

         – El día 30 parte de regreso a Ávila;

         – El día 6 de agosto cesa en el cargo prioral de la Encarnación;

         – De priora en Segovia ha dejado a Isabel de Santo Domingo, expriora de Pastrana.

LIBRO DE FUNDACIONES DE SANTA TERESA DE JESÚS

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Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)