22.7.12

Capítulo 26 Fundaciones

Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D. 
 
Libro de las Fundaciones         
CAPÍTULO 26




Prosigue en la misma fundación del monasterio de San José de la ciudad de Sevilla. Trata algunas cosas de la primera monja que entró en él, que son harto de notar.

1. Bien podéis considerar, hijas mías, el consuelo que teníamos aquel día. De mí os sé decir que fue muy grande. En especial me le dio ver que dejaba a las hermanas en casa tan buena y en buen puesto, y conocido el monasterio, y en casa monjas que tenían para pagar la más parte de la casa; de manera que con las que faltaban del número, por poco que trajesen, podían quedar sin deuda (1)[1]. Y, sobre todo, me dio alegría haber gozado de los trabajos, y cuando había de tener algún descanso, me iba, porque esta fiesta fue el domingo antes de Pascua del Espíritu Santo, año 1576, y luego el lunes siguiente me partí yo (2)[2], porque la calor entraba grande y por si pudiese ser no caminar la Pascua y tenerla en Malagón, que bien quisiera poderme detener algún día, y por esto me había dado harta prisa.







2. No fue el Señor servido que siquiera oyese un día misa en la iglesia. Harto se les aguó el contento a las monjas con mi partida (3)[3], que sintieron mucho, como habíamos estado aquel año juntas y pasado tantos trabajos, que –como he dicho– (4)[4] los más graves no pongo aquí; que, a lo que me parece, dejada la primera fundación de Ávila –que aquí no hay comparación–, ninguna me ha costado tanto como ésta, por ser trabajos, los más, interiores. Plega a la divina Majestad que sea siempre servido en ella, que, con esto, es todo poco, como yo espero que será. Que comenzó Su Majestad a traer buenas almas a aquella casa, que las que quedaron de las que llevé conmigo, que fueron cinco, ya os he dicho (5)[5] cuán buenas eran algo de lo que se puede decir, que lo menos es. De la primera que aquí entró quiero tratar, por ser cosa que os dará gusto.

3. Es una doncella, hija de padres muy cristianos, montañés el padre (6)[6]. Esta, siendo de muy pequeña edad, como de siete años, pidiola a su madre una tía suya para tenerla consigo, que no tenía hijos. Llevada a su casa, como la debía regalar y mostrar el amor que era razón, ellas (7)[7] debían tener esperanza que les había de dar su hacienda, antes que la niña fuese a su casa; y estaba claro que, tomándola amor, lo había de querer más para ella. Acordaron quitar aquella ocasión con un hecho del demonio, que fue levantar a la niña que quería matar a su tía y que para esto había dado a la una no sé qué maravedís que la trajese de solimán (8)[8]. Dicho a la tía, como todas tres decían una cosa, luego las creyó, y la madre de la niña también, que es una mujer harto virtuosa.

4. Toma la niña y llévala a su casa, pareciéndole se criaba en ella una muy mala mujer. Díceme la Beatriz de la Madre de Dios, que así se llama, que pasó más de un año que cada día la azotaba y atormentaba y hacíala dormir en el suelo, porque le había de decir tan gran mal. Como la muchacha decía que no lo había hecho ni sabía qué cosa era solimán, pareciole muy peor, viendo que tenía ánimo para encubrirlo. Afligíase la pobre madre de verla tan recia en encubrirlo, pareciéndole nunca se había de enmendar. Harto fue no se lo levantar la muchacha para librarse de tanto tormento; mas Dios la tuvo, como era inocente, para decir siempre verdad. Y como Su Majestad torna por los que están sin culpa, dio tan gran mal a las dos de aquellas mujeres, que parecía tenían rabia, y secretamente enviaron por la niña, la tía, y la pidieron perdón, y viéndose a punto de muerte, se desdijeron; y la otra hizo otro tanto, que murió de parto. En fin, todas tres murieron con tormento en pago del que habían hecho pasar a aquella inocente (9)[9].

5. Esto no lo sé de sola ella, que su madre, fatigada, después que la vio monja, de los malos tratamientos que la había hecho, me lo contó con otras cosas, que fueron hartos sus martirios; y no teniendo su madre más y siendo harto buena cristiana, permitía Dios que ella fuese el verdugo de su hija, queriéndola muy mucho. Es mujer de mucha verdad y cristiandad.

6. Habiendo la niña como poco más de doce años, leyendo en un libro que trata de la vida de Santa Ana, tomó gran devoción con los santos del Monte Carmelo, que dice allí que su madre de Santa Ana que iba a tratar con ellos muchas veces (creo se llama Merenciana) (10)[10], y de aquí fue tanta la devoción que tomó con esta Orden de Nuestra Señora, que luego prometió ser monja de ella, y castidad. Tenía muchos ratos de soledad, cuando ella podía, y oración. En ésta le hacía Dios grandes mercedes, y nuestra Señora, y muy particulares. Ella quisiera luego ser monja. No osaba por sus padres, ni tampoco sabía adónde hallar esta Orden, que fue cosa para notar, que con haber en Sevilla monasterio de ella de la Regla mitigada, jamás vino a su noticia, hasta que supo de estos monasterios, que fue después de muchos años.

7. Como ella llegó a edad para poderla casar, concertaron sus padres con quién casarla, siendo harto muchacha; mas como no tenían más de aquella, que aunque tuvo otros hermanos muriéronse todos, y ésta, que era la menos querida, les quedó (que cuando le acaeció lo que he dicho (11)[11], un hermano tenía, que éste tornaba por ella, diciendo no lo creyesen), muy concertado ya el casamiento, pensando ella no hiciera otra cosa, cuando se lo vinieron a decir dijo el voto que tenía hecho de no se casar, que por ningún arte, aunque la matasen, no lo haría.

8. El demonio que los cegaba, o Dios que lo permitía para que ésta fuese mártir (que ellos pensaron que tenía hecho algún mal recaudo (12)[12] y por eso no se quería casar), como ya habían dado la palabra, ver afrentado al otro, diéronla tantos azotes, hicieron en ella tantas justicias, hasta quererla colgar, que la ahogaban, que fue ventura no la matar. Dios que la quería para más, le dio la vida. Díceme ella a mí que ya a la postre casi ninguna cosa sentía, porque se acordaba de lo que había padecido santa Inés, que se lo trajo el Señor a la memoria, y que se holgaba de padecer algo por él, y no hacía sino ofrecérselo. Pensaron que muriera, que tres meses estuvo en la cama que no se podía menear.

9. Parece cosa muy para notar una doncella que no se quitaba de cabe su madre, con un padre harto recatado, según yo supe, cómo podían pensar de ella tanto mal; porque siempre fue santa y honesta y tan limosnera, que cuanto ella podía alcanzar era para dar limosna. A quien nuestro Señor quiere hacer mercedes de que padezca, tiene muchos medios, aunque desde algunos años les fue descubriendo la virtud de su hija, de manera que cuanto quería dar limosna la daban, y las persecuciones se tornaron en regalos; aunque con la gana que ella tenía de ser monja, todo se le hacía trabajoso, y así andaba harto desabrida y penada, según me contaba.

10 Acaeció trece o catorce años antes que el Padre Gracián fuese a Sevilla (que no había memoria de Descalzos Carmelitas), estando ella con su padre y con su madre y otras dos vecinas, entró un fraile de nuestra Orden vestido de sayal, como ahora andan, descalzo. Dicen que tenía un rostro fresco y venerable, aunque tan viejo que parecía la barba como hilos de plata, y era larga, y púsose cabe ella y comenzóla a hablar un poco en lengua que ni ella ni ninguno lo entendió; y acabado de hablar, santiguola tres veces, diciéndole: «Beatriz, Dios te haga fuerte», y fuese. Todos no se meneaban mientras estuvo allí, sino como espantados. El padre la preguntó que quién era. Ella pensó que él le conocía. Levantáronse muy presto para buscarle y no pareció más. Ella quedó muy consolada, y todos espantados, que vieron era cosa de Dios, y así ya la tenían en mucho, como está dicho. Pasaron todos estos años que creo fueron catorce, después de esto, sirviendo ella siempre a nuestro Señor, pidiéndole que cumpliese su deseo.

11. Estaba harto fatigada, cuando fue allá el padre maestro fray Jerónimo Gracián. Yendo un día a oír un sermón en una iglesia de Triana, adonde su padre vivía, sin saber ella quién predicaba, que era el padre maestro Gracián, viole salir a tomar la bendición. Como ella le vio el hábito, y descalzo, luego se le representó el que ella había visto, que era así el hábito, aunque el rostro y edad era diferente, que no había el padre Gracián aún treinta años (13)[13]. Díceme ella que, de grandísimo contento, se quedó como desmayada; que aunque había oído que habían allí hecho monasterio en Triana, no entendía era de ellos. Desde aquel día fue luego a procurar confesarse con el padre Gracián, y aun esto quiso Dios que le costase mucho, que fue más, o al menos tantas, doce veces, que nunca la quiso confesar (14)[14]. Como era moza y de buen parecer, que no debía haber entonces veinte y siete años, él apartábase de comunicar con personas semejantes, que es muy recatado.

12. Ya un día, estando ella llorando en la iglesia, que también era muy encogida, díjole una mujer, que qué había. Ella le dijo que había tanto que procuraba hablar a aquel padre y que no tenía remedio, que estaba a la sazón confesando. Ella llevola allá y rogole que oyese a aquella doncella, y así se vino a confesar generalmente con él. Él, como vio alma tan rica, consolose mucho y consolola con decirla que podría ser fuesen monjas Descalzas, y que él haría que la tomasen luego. Y así fue, que lo primero que me mandó fue que fuese ella la primera que recibiese, porque él estaba satisfecho de su alma, y así se le dijo a ella cuando íbamos. Puso mucho en que no lo supiesen sus padres, porque no tuviera remedio de entrar. Y así, el mismo día de la Santísima Trinidad (15)[15] deja unas mujeres que iban con ella (que para confesarse no iba su madre, que era lejos el monasterio de los Descalzos, adonde siempre se confesaba y hacía mucha limosna y sus padres por ella); tenía concertado con una muy sierva de Dios que la llevase y dice a las mujeres que iban con ella (que era muy conocida aquella mujer por sierva de Dios en Sevilla, que hace grandes obras), que luego vendría; y así la dejaron. Toma su hábito y manto de jerga, que yo no sé cómo se pudo menear, sino con el contento que llevaba todo se le hizo poco. Sólo temía si la habían de estorbar y conocer cómo iba cargada, que era muy fuera de como ella andaba. ¡Qué hace el amor de Dios!, ¡cómo ya ni tenía honra, ni se acordaba sino de que no impidiesen su deseo! Luego la abrimos la puerta. Yo lo envié a decir a su madre. Ella vino como fuera de sí; mas dijo que ya veía la merced que hacía Dios a su hija; y, aunque con fatiga, lo pasó, no con extremos de no hablarla como otras hacen, antes en un ser (16)[16] nos hacía grandes limosnas.

13. Comenzó a gozar de su contento tan deseado la esposa de Jesucristo, tan humilde y amiga de hacer cuanto había, que teníamos harto que hacer en quitarle la escoba. Estando en su casa tan regalada, todo su descanso era trabajar. Con el contento grande, fue mucho lo que luego engordó. Esto se le dio a sus padres de manera, que ya se holgaban de verla allí.

14. Al tiempo que hubo de profesar (17)[17], dos o tres meses antes, porque no gozase tanto bien sin padecer, tuvo grandísimas tentaciones; no porque ella se determinase a no la hacer, mas parecíale cosa muy recia. Olvidados todos los años que había padecido por el bien que tenía, la traía el demonio tan atormentada, que no se podía valer. Con todo, haciéndose grandísima fuerza, le venció, de manera que en mitad de los tormentos concertó su profesión. Nuestro Señor, que no debía de aguardar a más de probar su fortaleza, tres días antes de la profesión la visitó y consoló muy particularmente e hizo huir el demonio. Quedó tan consolada, que parecía aquellos tres días que estaba fuera de sí de contenta, y con mucha razón, porque la merced había sido grande.

15. Desde a pocos días que entró en el monasterio, murió su padre, y su madre tomó el hábito en el mismo monasterio (18)[18], y le dio todo lo que tenía en limosna, y están con grandísimo contento madre e hija, y edificación de todas las monjas, sirviendo a quien tan gran merced las hizo.

16. Aun no pasó un año, cuando se vino otra doncella harto sin voluntad de sus padres, y así va el Señor poblando esta su casa de almas tan deseosas de servirle, que ningún rigor se les pone delante, ni encerramiento. Sea por siempre jamás bendito, y alabado por siempre jamás, amén.


COMENTARIO AL CAPÍTULO 26

El adiós a Sevilla. La primera vocación andaluza

Último capítulo dedicado a la fundación de Sevilla. La Santa lleva ya un año en la capital andaluza: desde mayo de 1575 hasta junio de 1576. Sale para Castilla muy de mañana, al día siguiente de la inauguración definitiva del Carmelo hispalense. Viaja cómodamente con sus hermanos Lorenzo y Pedro y sus sobrinos quiteños.

Escribe el presente capítulo a poco de llegar a Toledo. Comienza página con emotivas alusiones a la despedida de Sevilla. Se la han enturbiado dos sombras impertinentes: por un lado, la soledad y lejanía en que deja a la querida comunidad sevillana. Y por otro –no mencionado por la Santa, pero latente y acuciante– la orden que le han impartido de Roma (y de Madrid) de recluirse definitivamente en uno de sus Carmelos.

Es normal el sentimiento de la media docena de fundadoras hispalenses que han compartido con ella las fatigas de todo un año. Las hay débiles de complexión aunque firmes en la vocación. La más querida de todas, la priora María de San José, se ha ingeniado para que Gracián obligue a la Santa a dejarles, al menos... su retrato. Y Gracián la fuerza a posar ante la paleta y los pinceles del calabrés fray Juan de la Miseria. Lo cuenta Gracián mismo, entre serio y burlesco:

"Mandé con mucho rigor que obedeciese a todo lo que fray Juan de la Miseria le mandase, y sin quererla oír razón ni réplica alguna, me ausenté; y el fray Juan de la Miseria no era tan gran retratador, ni tan primo y cortesano como otros... Y así dijo la santa Madre después que miró el retrato: Dios te lo perdone, fray Juan, que me has hecho padecer aquí lo que Dios sabe y al cabo me has pintado fea y legañosa" (Escolias..., p. 425).

El otro factor es el desenlace de una larga pesadilla, fruto del machismo de época, aireado por los superiores mayores de la propia Santa. Se lo repite una vez más el nuncio Ormaneto a Gracián: "Che a me non é mai piacciuto il modo che tiene –come santa, intendo– quella Madre Teressa di andar attorno a fondare et visitare monasterü, perció che le done regolari hanno de star dentro le sue case et non andare attorno, perció che queste visite convengono alli superiori soi, che possono andare attorno senza scandalo e pericolo". En román paladino, que tienen visos de escándalo esos viajes fundadores de la Madre Teresa.

Lo escribía el Nuncio hacía apenas unos meses: el 11 de noviembre de 1575. Ahora se lo imponen taxativamente a la Santa desde Roma. Ha sido Gracián quien, por su cuenta, la retiene en Sevilla. Pero es ella quien decide "encerrarse" en el Carmelo de Toledo, para dar cumplimiento al mandato que le ha venido de Piacenza (c. 27, 19). Estará casi cuatro años sin salir a fundar.

El resto del capítulo (nn. 3‑16) lo dedica a proponer un ejemplar de vocación carmelitana, como ya ha hecho en capítulos anteriores con modelos como Casilda y Beatriz en el Carmelo de Valladolid, o como Gracián y Catalina Godínez en los capítulos de Beas y Sevilla.

Ahora, "por dar gusto a las lectoras" (n. 2), opta extrañamente por presentarles el caso de la primera vocación hispalense, cuando ésta es todavía novicia. Se trata de Beatriz Chaves, en religión Beatriz de la Madre de Dios, que ha ingresado en el Carmelo de Sevilla apenas fundado, en el otoño de 1575. Teresa escribe su relato en Toledo, otoño del año siguiente (cf cap. 27, 23), cuando ya Beatriz ha quedado huérfana de padre, cuando ya ha ingresado en el mismo Carmelo sevillano su propia madre Juana de la Cruz, y cuando la propia Beatriz es aún simple novicia: emitirá sus votos el 26 de noviembre de ese mismo año 1576.

La recién profesa cuenta 38 años. Ha tenido juventud difícil. Ha convivido con la Santa apenas unos meses de noviciado carmelitano, aproximadamente desde septiembre/octubre de 1575 hasta comienzos de junio del año siguiente. Ya en el noviciado ha tenido sus dificultades y tentaciones, como hace notar la Santa (carta 110, 4: fechada el 18.6.1576 en Malagón).

Desafortunadamente, a los dos años (1578), Beatriz ya había dado una vuelta de campana en su conducta de carmelita. En el epistolario de la Santa pasa a ser "la negra vicaria", es decir, superiora ocasional del Carmelo de Sevilla cuando deponen ignominiosamente a María de San José. (Pero todo eso desborda cronológicamente el marco del presente relato).

Posteriormente, la Santa misma hará todo lo posible por que se recupere y se reintegre en la vida comunitaria del Carmelo. Beatriz quedará arrepentidísima. Hasta el extremo, según María de San José, de que fueron tantas sus "lágrimas, que está ciega de llorar" (Libro de Recreaciones, r. 9a).

Beatriz llegó a conocer la canonización de la Madre Teresa. Falleció en Sevilla el 29.12.1624.

Lo que en el capítulo interesa a la autora y al lector es el tipo de vocación carmelitana diseñado por la Santa. Firme superación de dificultades. Determinada determinación. El Carmelo como objetivo preciso. Devoción a la Virgen y a su madre Santa Ana en el contexto de los ermitaños del Monte Carmelo...

Literariamente, es otro caso como el de Casilda de Padilla en el capítulo once. A la Santa le hubiera sido fácil arrancar del manuscrito autógrafo los cuatro folios que enaltecen, no muy certeramente, la vocación y la persona de Beatriz. No lo hizo. Tampoco los eliminó ni los desdibujó Gracián en la primera edición del libro.

Nota del comentario:

1. Fechas y acontecimientos contextuales del cap. 26:
         – Beatriz de la Madre de Dios (Chaves): 1538‑1624;
         – La Santa llega a Sevilla: 26.5.1575;
         – Escrituras para la fundación de Caravaca:10.3.1575;
         – Felipe II otorga la licencia para fundar en Caravaca: 9.6.1575;
         – Teresa escribe al Rey agradeciendo la licencia: 19.7.1575;
         – Llegan a Sanlúcar Lorenzo y familia: 12.8.1575;
         – Ingresa Beatriz Chaves en el Carmelo de Sevilla: otoño de 1575;
         – Ingresa igualmente la madre de Beatriz, Juana de la Cruz...
         – Poder dado por la Santa a Ana de San Alberto para fundar en Caravaca: 24.11.1575;
         – Profesión religiosa de Beatriz: 26.9.1576;
         – Profesión de su madre Juana de la Cruz: 10.11.1577;
         – El Nuncio F. Sega destituye a Gracián: 23.7.1578;
         – Es destituida la priora de Sevila, María de San José: 1578‑1579;
         – Es nombrada vicaria del Carmelo hispalense Beatriz de la M. de Dios: 1578;
         – Enero de 1579: la Santa logra comunicar por carta con el Carmelo de Sevilla: cartas 
           283‑284;
         – Es restablecida en el cargo María de San José: 28.6.1579.

Notas del texto teresiano
            [1] Es decir, no estando completo el número de religiosas del monasterio, las dotes de las nuevas postulantes acabarían de cubrir la deuda. – Sobre los trabajos y gracias místicas a que hace alusión la frase siguiente, cf. Relaciones 42-62.
            [2] La fiesta fue el 3 y la Santa partió el 4 de junio de 1576.
            [3] Harto se les aguó el contento a las monjas con mi partida... Menos mal que para menguar la pena, las monjitas sevillanas y el P. Gracián tuvieron la feliz idea de obligar a la Santa a posar ante un pintor y dejarse retratar. Aunque el retratista fuese tan mediocre como el bueno de fray Juan de la Misaria que recibió orden de realizar la obra, su cuadro, aún hoy conservado en el monasterio de Sevilla, es el único retrato «ciertamente auténtico» que poseemos de la Santa Madre. El relato del martirio que hizo pasar a la Santa, puede verse en el P. GRACIAN, Peregrinación de Anastasio, Diál. 13 (B.M.C., t. 17, pp. 201-202); él nos trasmitió la fina crítica que la Santa hizo humorísticamente al retrato y al retratista: Dios te lo perdone, fray Juan, que ya que me pintaste, me has pintado fea y legañosa.
            [4] Cf. c. 18, nn. 4-5; y c. 24, n. 6.
            [5] Ya os he dicho... que seis que iban conmigo eran tales que... me atreviera a ir con ellas a tierra de turcos (c. 24, n. 6).
            [6] Beatriz de la Madre de Dios, hija de Alfonso Gómez y Juana Gómez; también ésta, se hizo carmelita, y se llamó Juana de la Cruz (cf. n. 15).
            [7] Ellas... las tres mujeres de servicio en casa de la tía (cf. n. 4): evidentemente, la Santa ha omitido involuntariamente una frase.
            [8] Acordaron, las tres de la nota anterior. – Levantar a la niña una calumnia. Lo repetirá la Santa en el n. siguiente. – Solimán: sublimado, corriosivo.
            [9] Pasar aquella, escribió por haplografía la Santa. Probablemente ocurre otro tanto unas líneas antes: enviaron por la niña a la tía.
            [10] Creo se llama Merenciana: la madre de Santa Ana, según el docto libro de la joven andaluza...
            [11] En los nn. 3-5.
            [12] Recaudo tiene aquí la acepción popular vaga: tenía hecha una mala faena o fechoría.
            [13] Tendría Gracián unos 29 años (nació en 1545; fundó en Sevilla en 1574). Mucho más equivocada anda la Santa en la edad de la buena Beatriz, que no tenía entonces los 27 que la Santa le da, sino 36 bien cumplidos (nacida en 1538). – El convento de Carmelitas Descalzos de Triana, titulado de los Remedios, había sido fundado el 6/1/1574.
            [14] Hipérbaton: que fue más de doce veces o al menos tantas, sin que la quisiese confesar.
            [15] El 29 de mayo de 1575, el mismo día en que se había dicho la primera misa (cf. c. 24, n. 18).
            [16] En un ser: continuamente.
            [17] Profesó el 29 de septiembre de 1576. Cf. la carta de la Santa a María de San José del 17 de junio del mismo año.
            [18] Profesó como Hermana de velo blanco el 10/11/1577 con el nombre de Juana de la Cruz.


LIBRO DE FUNDACIONES DE SANTA TERESA DE JESÚS

Santa Teresa de Jesús, 15 de Octubre

Santa Teresa de Jesús
Virgen y Doctora de la Iglesia, Madre nuestra.
Celebración: 15 de Octubre.


Nace en Avila el 28 de marzo de 1515. Entra en el Monasterio de la Encarnación de Avila, el 2 de noviembre de 1535. Funda en Avila el primer monasterio de carmelitas descalzas con el título de San José el 24 de agosto de 1562.

Inaugura el primer convento de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Llegará a fundar 32 casas. Hija de la Iglesia, muere en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582.

La primera edición de sus obras fue el 1588 en Salamanca, preparadas por Fr. Luis de león. El 24 de abril de 1614 fue beatificada por el Papa Pablo V, y el 12 de marzo de 1622 era canonizada en San Pedro por el Papa Gregorio XV. El 10 de septiembre de 1965, Pablo VI la proclama Patrona de los Escritores Españoles.


Gracias a sus obras -entre las que destacan el Libro de la Vida, el Camino de Perfección, Las Moradas y las Fundaciones- ha ejercido en el pueblo de Dios un luminoso y fecundo magisterio, que Pablo VI iba a reconocer solemnemente, declarándola Doctora de la Iglesia Universal el 27 de septiembre de 1970.

Teresa es maestra de oración en el pueblo de Dios y fundadora del Carmelo Teresiano.

¿Qué significa la oración para Santa Teresa?
"Procuraba, lo más que podía, traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí presente. Y ésta era mi manera de oración. Si pensaba en algún paso, le representaba en lo interior; aunque lo más gastaba en leer buenos libros, que era toda mi recreación; porque no me dio Dios talento de discurrir con elentendimiento ni de aprovecharme con la imaginación; que la tengo tan torpe, que, aun para pensar y representar en mí (como lo procuraba traer) la humanidad del Señor, nunca acababa. Y, aunque por esta vía de no poder obrar con el entendimiento llegan más presto a la contemplación si perseveran, es muy trabajoso y penoso. Porque, si falta la ocupación de la voluntad y el haber en qué se ocupe en cosa presente el amor, queda el alma como sin arrimo ni ejercicio, y da gran pena la soledad y sequedad, y grandísimo combate los pensamientos" (Vida 4,7).

"En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor sino esclavo; y así no me podía encerrar dentro de mí (que era todo el modo de proceder que llevaba en la oración), sin encerrar conmigo mil vanidades. Pasé así muchos años; que ahora me espanto qué sujeto bastó a sufrir que no dejase lo uno o lo otro. Bien sé que dejar la oración ya no era en mi mano, porque me tenía con las suyas el que me quería para hacerme mayores mercedes" (Vida 7, 17).

"Gran mal es un alma sola entre tantos peligros. Paréceme a mí que, si yo tuviera con quién tratar todo esto, que me ayudara a no tornar a caer, siquiera por vergüenza, ya que no la tenía de Dios. Por eso, aconsejaría yo a los que tienen oración, en especial al principio, procuren amistad y trato con otras personas que traten de lo mismo. Es cosa importantísima, aunque no sea sino ayudarse unos a otros con su oración. ¡Cuánto más, que hay muchas más ganancias! Yo no sé por qué (pues de conversa ciones y voluntades humanas, aunque no sean muy buenas, se procuran amigos con quien descansar y para más gozar de contar aquellos placeres vanos) no se ha de permitir que quien comenzare de veras a amar a Dios y a servirle, deje de tratar con algunas personas sus placeres y trabajos; que de todo tienen los que tienen oración" (Vida 7, 20).

Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí..., se me ofreció lo que ahora diré... que es: considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos así como en el cielo hay muchas moradas... Pues ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita?... no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo... ¿No es pequeña lástima y confusión que por nuestra culpa no (nos) entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos? ¿No sería qran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra?.... (1 Moradas 1,1-2)